1998
Y hábleme Usted desde su estancia, Señora,mirando con desidia a sus seguidores en tierra,
que desde montes y abismos
le respondo
Gimnasio de papel
Press de banca
La redondez de la palabra a cada extremo de la barra
se parece al día con su noche suspendida:
como dos extremidades
alzando sólo el aire y un pedazo
de humo ante el espejo.
Cada mañana, subo por la plaza roedora de bellotas
al templo redondeado de cristales
y como un rezo duro
entono mi cantito regresivo:
de treinta para abajo
una musculatura
insuficiente, de treinta
para arriba el esfuerzo
parece una palabra suspendida
en la punta del verso más hermoso:
ofrecido para nada y para nadie
y por todos los ojos perspirando.
Sentadilla
a la manera de J.E.E.
Éste es el esfuerzo que evacúa
puntualmente en la mañana
y permite bajar a las estrellas
al estanque del vientre.
Éste, que en belladonas se parece
a un simple violoncello en chocolate
con piernas por pirámides inversas
y boca desdentada por cereza.
Éste que ahora en el cansancio chilla
infame en cada músculo
-hijo de puta retozando libre
en la yema del hueso que desea-:
oh si en el fruto que promete se incluyera
la vuelta a la primera sentadilla,
en que madre y muchacho para siempre
pueden romper el pacto
de venir a sentarse en la mañana
con el vientre en las estrellas
o en las tardes
al son de la mancuerna terrenosa
hilando ante esta máquina la cuenta,
más valiera.
Abdominal
Llueve por todos los vitrales, llueve
y el canto del nogal anaranjado
se bate tras la luna del gimnasio,
y el farol que secciona
el rabo de los roedores
pinta sus señas con un brazo
bajo el techo:
al principio es el agua que se filtra
mojando el chor en pleno centro
y el clavo de Cristo va emergiendo
a medida que un ojo se perfila:
la nariz y la boca por debajo
y el otro ojo de pronto
y un manto de cabellos que desciende
y es el techo del gimnasio más brillante
que el fuego del nogal y de la luna:
rostro de la Madonna en las esferas
del ágil corazón que lo recuerda.
Y le hago reverencias.
Latissimus dorsi
Como una enredadera hasta la nuca
trepa el grillo de un despertador
y la ruin caminata
a la floja sonrisa mañanera: impotencia
que baja sorpresiva por la tarde
y entonces el músculo no canta
con la voz de tenor del tubérculo.
Así, cuando las hojas oscurecen
la ruta que nos alza hacia una sábana
desierta, cómo es dulce la venganza
enredando a escondidas
las cañas que sopladas
formarán el dibujo de dos alas
suaves como el murmullo que acompaña
de la nuca a los hombros al gimnasta:
"sea tu boca bienvenida hasta la altura
del astro que te come la mirada
al centro de una raya en el pupitre":
noctámbulo Icarillo que se goza
brincando en un papel ante el espejo.
Doble de biceps
Será otro el que carga y se parece
a éste que carga como un toro su pereza.
El otro abulta el pecho, suelto
de huesos, y amarra la corbata
en el punto piringo de su calendario:
el potro inoxidable y la Madonna
satinada en el lecho.
¿Qué hay si por las selvas nos metemos
pisando lagartijas y serpientes
de la mente y hallamos
no demasiado lejos
el músculo aplanado en Super 8
y lo que nunca olvidamos
-amigos mutilados, brazos tiernos-
como larga distancia?
El otro que levanta con poleas
estreñidas el oro de las Indias
y este flaco Guamán desamparado
burlándose y silbando en la rutina.
Bicicleta
Vuelta que vuelta él recorría
las millas cada noche hacia los ojos de ella.
Los jóvenes entonces se tomaban de los pies y se mezclaban.
Tarde, tras el baño, cada uno
volvía a su descanso solitario.
"La vida es un gimnasio", se decían.
Vuelta que vuelta eran los días
de armar brazos y piernas para luego
armar dedos y manos y cabeza.
"La vida es un gimnasio", repetían.
Cada uno terminaba su rutina, cada uno
crecía como el tallo hacia ventanas
con tallos que de lejos caminaban
al son de una campana que sonaba
dentro.
Vuelta que vuelta sobre el mismo sitio
y ella en un tronco tras los mares.
Muslos
Quién quiere escribir todo pareciendo
que quiere abarcar todo y sin embargo
no abarca sino el borde de la hoja:
mejor estar así callado
bajando lentamente cada muslo
mostrando el orificio como dama
correcta de palabra atravesada
y así la chispa que le inflama cada pierna
intensa va creciendo
y dura para el salto se aproxima
cargando cada pesa puntualmente
con nalgas más erguidas que capillas
que de pronto se extienden y de pronto
encogen su capullo y nuevamente
estiran su botón hacia la ducha:
poema que se esculpe gota a gota
debajo de una piel en movimiento.
Llanto de las aguas repetidas
¿Acaso no resulta demasiada soberbia
detener el viento
atravesando los bosques, hilvanando
su orden al nuestro, coincidiendo
como un asno con la geometría
de los astros?
Ahora por la orilla del río deambulas
y sólo te mereces el instante que allí gozas:
repetir será siempre un regalo, pero nunca
el mismo. Solamente la acción que se repite
nos inflama: si en piedra queremos convertirla
no hay río, si queremos
parar también el viento
qué pobre inflamación la que nos queda.
(Y llama de amor viva, que murmura,
qué poco es el consuelo y sin embargo
qué terca la paciencia de encontrar sentido
a trozos de granito sobre el mundo en blanco).
Tus pies sobre la arena,
las gotas en la hierba,
el llanto de las aguas repetidas:
humildad con que olvidas el tormento
de aislarte aislándolos
como el joven cazador que sólo encuentra
placer en el cadáver de los ciervos.
Confianza en la cuchilla
¿Qué confianza
traer
si el tallador
calcula puntualmente el orden
de la cuchilla
y sólo así
se vuelve mago
y brotan gotas
que dejan una huella
en el sendero
(sólo el sendero
del bosque,
bestias),
que conduce
a los canes
de caza
sobre la corza
herida?
Al fondo del jardín
Al fondo del jardín había un árbol;
no recuerdo su nombre.
También unos faroles escondidos por las hojas.
Y en la casa, apagándose las luces,
un espíritu de bata transparente
como el obsequio que los últimos reflejos enviaban
radiante sobre el pasto, huyendo las libélulas.
Al instante la frazada se extendía
sobre la hierba. La diosa
deshacía sus trenzas y los ganchos
caían expulsados por los dedos
que al tiempo que bajaban por el llano
hasta estrellarse en la colina inmensa
rompían los candados y encendían
la boca en el extremo de la mecha:
la calma sucedía entonces, no la gloria.
El árbol no encontró por más que quiso
su nombre, ni la diosa su forma fatigada
en el silencio de la página nocturna.
Señora de la Noche
Ninfa y navegante
Era la tarde como tabla, dura
de asir y de roer, y dura
desde la tapa de la esfera
con dos faroles verdes sobre el cutis
de la formada Ninfa entre la arena:
"Hermosura me dicen los que ansían
lamer mis ancas dulces porque en ellas
triunfo de su deseo dizque encuentran:
yo sólo puedo erguirme en el espejo
y bordar una imagen paralela
por cierto exorbitante
pero siempre
inclinada a enredarse a mejor junco:
tú sabes que los juncos sólo aire
contienen, pero eso me sosiega
del pantano, y así yanto contenta...".
Dijo la Ninfa bella y en silencio
tornó la testa triste el peregrino
al fin de sus recuerdos:
el agua coralosa que saltaba
regando las orillas de sus perlas
besaba las pezuñas de las lianas
y al fondo los delfines anunciaban
la nave de la hija de la espuma:
peluda toda ella
tendida sobre el oro de la playa
dejábase gozar sin un lamento,
y nada sino aljófar le pedía
de su rudo tubérculo forjado:
un orbe tras los montes escarchados
ardía iluminando las estrellas,
y dos y dos en uno para siempre
un día hasta la noche retrasaban:
Oh fresco verano solitario
cuando todos unidos compartían
la sal del mar, el fruto de la alcoba
y muerte y nacimiento sólo eran
las torres de unas ruinas adornadas:
el río restañaba por su vidrio
y todo era olvidable en un instante,
pero luego, arrojados a la pesca,
tenían los amantes mil moradas
y el congrio con el ajo se batían
en una sola mesa hecha de esteras:
no era contento nadie pero olía
el mar, y era contento verlo verde.
"¿Aún por aquí? -dijo la Ninfa- ¿Y delirando?
¿Cuándo pudieron balbuceos contra el viento?
Más te valdría, forastero,
haberte sumergido entre las olas...".
Y estirando su bikini
dejóse transportar por los cangrejos.
Eclipse de noche
Al llegar a las plantas
del árbol de la menta en el arroyo
se besan los amantes con recojo, se calcinan
de sólo rastrillarse con los ojos
y cuelga sobre el agua como un rizo
el iris de la luna incandescente.
No escuchan nada ya, temblando
son todo tallos y respiros y guijarros
de líquido estallando en los arbustos
y el magnánimo ofidio lentamente
tuerce la lengua en el molusco
desnudo en su silencio de ciruela
y móvil en su cola de mamífero:
son los animales que en el bosque
se arrancan y deshacen a mansalva
como ebrios que al mirar el frasco pleno
olvidan el prestigio de la boca
y corren a encender en el estómago
las teas que odorizan el cerebro
por un instante apenas, por un rústico
grosor de la serpiente en el molusco
volviendo la sirena azul y roja
que cuelga sobre el lago
y los sorprende.
Triunfo de Astrea
He clamado ante la puerta más alta de la Nebulosa
que no me agite el paso
y ante los arrecifes que se empequeñezcan
y ante la desembocadura de los Cuatro Ríos que se extienda como una piel
con el rumor de tus labios
abriéndose en el Universo con las mismas estrellas
dispuestas a bucear el Mar de Arriba
o el de Abajo,
Mama Killa:
reconoce a tu hermano de brillantes cabellos, acaríciale los testos
con la delicadeza de tus niñas
súbitamente envueltas en un enjambre de querubines, muérdele los rizos lentamente,
y yergue el firme tallo ante los requerimientos
de la flor.
Yo soy esa flor que te contempladesde su cumbre, a mí me corresponde
el incendio de las mañanas, la ventisca
que arroja el polvo a tus plantas como un domador de pumas,
yo soy de la tierra de los bardos más antiguos
y he andado por los últimos caminos en busca de tu rastro.
Ahora te he encontrado.
Como un cazador cansado me acojo a la voluntad de los elementos, dejando que la esfera gire
y traiga nuevamente el resplandor
de tus pómulos de plata, tus incrustaciones
de esmeralda, tus yemas argentinas, Diosa de los Equilibrios Naturales.
Y he clamado ante las torres puntiagudas que te toquen
las plantas de los pies
y que anochezca.
Epitalamio del poeta y su dama
I went to the Garden of Loveand saw what I never had seen
William Blake
Ya no postergaremos el momento de la rama
y su boca de rosa como nunca oscura:
en el espacio liberado
miríadas de historias salpicarán cada día
a los bordes del pliego donde repten
unas huellas cuneiformes:
de semejante baile obtendrás
este pequeño informe
plagado de colmillos y de escamas, evocando
la presa que puntual llega a cubrir su caza grande:
Ven entonces, Bestia Mía,
con tu figura de concreto en actitud contrita
dibujando la forma cuneiforme
a la luz de la luna alucinada:
tu soberano socaire
cae como un manto de agua limpia
en la testa calcinada por la arena
y el arco de tus playas
donde lamen las tarucas su franja de sal turquesa
anuncia su inmediata apertura hacia la tierra:
subido en el más alto obelisco
de las contemplaciones
desplegué mi escondite de retamas
zarpando como un zorro hacia el Jardín central:
desde entonces se suspende todo trámite intermedio;
el universo se reduce a la lenta conjunción
de Marte sobre Venus, cosa nunca vista
de la rama
saliendo de su boca como nunca clara.
El zorro y la luna
...Y cuentan que al subir el breve zorro,y si por él o por su amada,
quedóse para siempre convertido
en manchas indelebles de la luna...
"¿Tanto mirar esa amapola
callada como el timbre de un teléfono
llenando vicioso de hortalizas
el campo con su rayo, tanto
lamer su esquirla blanca
en un oculto engaño
que en mí mismo practico, pues es piel
caliente la que me reclama, y no ese viento
uniendo dos distancias
-de abajo para arriba
de arriba para abajo-
sin una caricia que peluda
inunde estas espaldas y esta boca?
Por ti, mi amor, es que he venido
a lo más hondo del valle a contemplarte.
Un carro de libélulas se bate
buscando hundir el tallo de las hierbas
al paso de mis almohadillas:
apenas si rozo el lomo manso
que ofrece la dadora de las viandas
con que todas las liebres y pequeñas
aves engordan su hermosura:
la tierra que dadora es tu satélite
al canto de un hocico levantado:
más allá de todo el éter
existe solamente un rostro limpio.
¿No habrá de subir alguien a besarlo?".
La luna conmovida cristaliza
el rayo que el amante acariciaba
y no es sino trepar ávidamente
cruzando ya las nubes, ya el sereno
y un arco que de pronto lo despide
como a la flecha tersa que se ensancha.
Arriba, sin embargo, en su silencio,
sólo la luna sabe que no hay fin.
Bastarán para arder su papel fino
los besos que le marque con su cuerpo
un zorro eternamente ensangrentado.
Sunqururu
Una máscara desciende de sus ojos
ahítos de mirarse en el espejo. Máscara
de fiesta con que un canto
se cuelga como el beso de la niebla:
tiembla la flauta sobre el cerro
y un grillo transformado en oro
arrastra sus pezuñas en el huerto.
"Fruto del corazón, a ti te busco.
Finge la noche helada no envolverte, finge
el águila ignorar venados tiernos
salidos a la fuente a contemplarse
y dar resplandecientes sobre el pasto
el triunfo de su tea con desgano.
Pero ellos no comprenden, sunqururu, la paciencia
que va haciendo del árbol una estrella
y haciendo de la estrella una pequeña
guirnalda de esmeraldas frías.
A lo largo del valle y en la orilla
del río que lo lame y que le arranca
gemidos de arboledas, tú sólo, sunqururu, puedes
guardar en tus semillas la distancia
del eco que rebota en los glaciares
y baja a la carrera a las llanuras
por un lado de arena, de manglares
por otro, agotándose bebiendo
la baba del océano y sus chasquidos.
El eco de ese valle es el intento
de darle al aire impuro la armonía
que dejo en las cortezas impregnada
de tan sólo entonarte dulcemente
debajo de la luna calentando
el centro de tus piedras transparentes.
No baja hasta mañana el sol
ni han de quedar ya para entonces limpias
las hojas en su rama.
Fruto de mi corazón, ¿no has de venir?".
La máscara de pronto en el espejo
no es máscara que sople el vaho espeso
que deja entre los surcos el viajero.
Volverán en un año de esmeraldas
tiñéndose las frutas en el huerto: volverán
jalando tercamente, desde el cielo,
un árbol inflamándose en el viento.
Sabiduría
Habrás estado en la playa con los delfines
como la diosa de nácar que una tarde se acercó a la tierra
en busca de sabiduría.
Entonces fue la burla de las nubes, el sol era un macho animal
que secaba los restos de la fiesta
cuando la lluvia era tan fuerte que también era macho
y el viento era tan fuerte que también era macho
y sólo tú y la tierra las hembras que esperaban
la daga dorada de la noche.
Y qué alegría unirse la lluvia con la tierra,
ese olor húmedo que nos
recuerda las sábanas trenzadas que batean batean batean
los delfines por la orilla.
Noche opulenta con sus labios de fuego
Porque ahora puedo verte
en la pronta revelación
del autobús cuando estalla y deposita
su ramo de rosas caminantes,
las mañanas comienzan muy tarde
y los crepúsculos se ahogan
aun antes de dormir las madreselvas.
Porque al abrir la ventana
arrojo las colillas esperando el minuto
en que ha de retornar
la noche opulenta con sus labios de fuego.
Y así el día es una larga vela apuntando al Universo.
Y así nos boten del hotel has de ser mía.
Así nos quemen.
Como pétalos abriéndose en la noche
¿Cuál es la naturaleza de la flor?
¿Se estremece cuando la tocan
o como el aire se disuelve en el olvido
de todo conocimiento, vagorosa
explosión que humedece las membranas
y desaparece?
Dime si tú eres la flor invertida
que baja desde el Universo. Me he movido
de cueva en cueva, he pisoteado hormigas
y escuchado las últimas cigarras hasta que te encontré
por un instante, al pie del lago, bañándote desnuda
y enseñando
los petalos abriéndose en la noche.
La gloria del estanque se perpetra en esos pétalos,
una menuda respuesta que se estira
y vuelve a reposarse tras el susto de la luna
con todas las estrellas tiritando.
Y la naturaleza de la flor moja los labios
y desaparece.
Odumotneurse
Pienso en el escándalo de miel de los crepúsculos
cuando al estruendo mudo se le acerca
un oscuro resplandor que se dilata
como un faro de tren en la mañana.
De ese ruido y de esa luz están hechos los astros
cuando se miran, se poseen
y Acuario cede paso al Pez
que nada en las esferas
como un poeta en su casa.
Psalmo matutino
A la materialidad del cuerpo opongamos
la espiritualidad del cuerpo
esa cosa gelatinosa que produce el mismo efecto
de un enchufe en el dedo mojado
sobre todo al regar las plantas
y observar con la luz que se dispersa
la Flor que se Entreabre
es la constatación del Sancta Sanctorum
esa cosa que sabemos que ya es Forma
porque es tan perfecta como el mismo rayo
que la desteje por el prisma y la desteje
grabando para siempre en las pupilas
(las yemas de los ojos)
la plenitud de su cuerpo dorado
la gloria de su poderío
y el instante de vida que nos baña
transformado (ahora sí) en cuerpo cantante
con las gotas de la ducha persiguiéndolo
y el Sol
chillando en todas las ventanas.
Enrique de Ofterdingen envía postal después de unos años
Lo que anhelo es ver la Flor Azul.Su imagen no me abandona
Novalis
"...Ahora dicen que soy un animal de la noche
porque salí a buscar nuevamente
la Flor de los luceros
con los ojos encendidos
y el cabello al aire
y pisé las huellas que dejé marcadas
y vagué silencioso por el bosque
hasta encontrarme con Ella
puntualmente
en medio de un Círculo Escarchado que se abría
y sabiéndome destinado a cantar la Fatalidad
le canté a la Noche
y me crucé al volver con tres nerudas
y me defendí a estilete limpio.
Esto dicen que hice
)la verdad no me acuerdo
y la verdad no me importa(
ahora he descubierto los placeres
de la Contemplación
el tacto impronto
para cursar la mirada
encima de las nubes
adonde habita esa Flor
Azul como un diamante negro
me fascina esculpirlo con la lengua
arriesgar el futuro y la reputación
con paciencia di fabbro paduano
dominarlo y atacar desde el aire
para que se entretenga
con el manso animal de la noche
manso cuando lo busca y lo contempla
porque él solo justifica el día
y cumple con la Morada prometida
la imposible Constelación
que gira con su ronda engraçada
recuperando el diálogo de las esferas.
Cuando vuelvo me limpio las manos
y la verdad no me acuerdo.
Sólo anhelo ver la Flor Azul.
Su imagen no me abandona...".