Introducción: El "Discurso en loor de la poesía"

y el aporte de Antonio Cornejo Polar

 

(Versión con notas en "Discurso en loor de la poesía". Estudio y edición,

por Antonio Cornejo Polar. Berkeley: Latinoamericana Editores, 2000,

editado por José Antonio Mazzotti)

 

 

José Antonio Mazzotti

(@ todos los derechos reservados)

 

 

Después de casi cuarenta años se vuelve a publicar el "Discurso en loor de la poesía", Estudio y edición, la primera contribución en forma de libro que Antonio Cornejo Polar hiciera en sus inicios profesionales como investigador de la literatura en 1964. Esta nueva edición que el lector tiene entre manos se concibió con el espíritu de publicar en el curso de los próximos años las Obras completas del maestro peruano, a fin de que se conozcan mejor dentro y fuera del ámbito nacional y de que terminen de formar parte de un canon crítico y teórico con el reconocimiento merecido en el curso de los debates sobre el área latinoamericana.

El Estudio fue escrito apenas terminado el doctorado de su autor en la Universidad de San Agustín en Arequipa, y cuando se encontraba realizando investigaciones de postdoctorado en España. Tenía Cornejo Polar apenas 26 años cuando se imprimió como artículo (en la revista Letras) y 28 como libro este trabajo que, según el título indica, es un análisis de uno de los poemas más singulares de la enorme producción virreinal peruana, publicado originalmente en 1608. Como se sabe, el "Discurso en loor de la poesía" apareció como paratexto anónimo entre los preliminares de la Primera Parte del Parnaso Antártico de Obras Amatorias, traducción de las Heroidas y el In Ibin de Ovidio, vertidos en tercetos castellanos por Diego Mexía de Fernangil, poeta sevillano de transhumancia continua entre España, México y Perú.

La presente introducción resumirá los aportes presentados por Cornejo Polar en su Estudio, describirá algunas de las contribuciones posteriores en la investigación sobre dicho poema y ofrecerá, para terminar, una lectura de un aspecto del "Discurso" desde las nuevas corrientes teóricas de los llamados estudios coloniales hispanoamericanos. En conjunto, esperamos que esta edición constituya una renovación de utilidad en las investigaciones sobre la poesía virreinal peruana, campo en el que el maestro peruano rompió sus primeras lanzas y que nunca dejó de ser parte, hasta su prematuro fallecimiento en 1997, de sus preocupaciones sobre los complejos procesos de producción discursiva en contextos radicalmente heterogéneos como los del área andina.

 

1. La contribución inicial

 

Hasta 1962, la mayor parte de las investigaciones acerca del "Discurso" se centraban en el enigma sobre la identidad de su autora. Tanto Ricardo Palma como Ventura García Calderón y Luis Alberto Sánchez, entre otros, habían especulado largamente si era una mujer en verdad quien había escrito el poema. Sólo algunos atisbos sobre las fuentes literarias y el contexto cultural en que apareció el "Discurso" habían sido esbozados, como el trabajo de 1914 de José de la Riva-Agüero sobre la Segunda Parte del Parnaso Antártico de Divinos Poemas (manuscrito aún inédito en la Biblioteca Nacional de París) y de Esquividad y gloria de la Academia Antártica, de Alberto Tauro del Pino, que en 1948 enriqueció la información sobre el supuesto grupo con el cual la autora del "Discurso" habría tenido estrechas relaciones, así como sobre algunas de las fuentes de las que bebían esos autores ya americanizados (esp. el Cap. 5). Como sabemos, el "Discurso" se refiere a la Academia Antártica con mayor detalle que cualquier otro texto. Riva-Agüero (110-14) y Tauro defendieron la existencia de la Academia como tal, al estilo de las academias literarias que se hacían comunes en España a fines del XVI, derivadas, a su vez, de las italianas del Quattrocento y el Cinquecento . Tauro, a los diecisiete nombres que menciona y elogia la Anónima del "Discurso", añade tres más, con lo que los miembros de la "Academia Antártica" habrían sido no menos de veinte, entre criollos y peninsulares naturalizados. Sin embargo, en 1894 Menéndez y Pelayo (XVIII) había puesto en duda su existencia, y en 1955, Luis Jaime Cisneros insistió en que más bien se trataba de una actitud reivindicatoria de los claustros universitarios sanmarquinos con que los letrados criollos y baqueanos del momento buscaban alcanzar legitimidad cultural frente a los autores metropolitanos, pero sin las formalidades, ejercicios ni cargos propios de una academia literaria (v. Cisneros, "Sobre literatura virreinal peruana" 8 -10) .

Pasando al análisis del texto, Luis Jaime Cisneros había explorado en 1950 algunas de las fuentes preceptivas del "Discurso", pero los resultados de su trabajo quedaron inéditos hasta el presente volumen. Hoy se reproduce el estudio de Cisneros como parte del homenaje múltiple y el reconocimiento que a la obra de Cornejo Polar se viene dando entre la intelectualidad peruana más valiosa. (Igualmente, se incluye el artículo, original de 1996, de Alicia de Colombí-Monguió, otra connotada experta en literatura virreinal, que complementa fructíferamente el conocimiento anteriormente aportado por Cornejo Polar).

Así, al margen de la discusión sobre la presumible Academia Antártica y sobre la aun más escurridiza identidad de la Anónima, la originalidad del crítico peruano consistió en rastrear y dar a conocer las relaciones textuales y temáticas entre el "Discurso" y el amplio corpus de la preceptiva literaria de su momento. Como se podrá ver durante su lectura, el ordenamiento practicado por Cornejo Polar descalifica, en primer lugar, las exageraciones de críticos como Riva-Agüero, Mariátegui, L. A. Sánchez y Ventura García Calderón sobre la pobreza literaria del periodo de dominación española en el Perú. Más allá de proclamar, en contraposición, un Siglo de Oro virreinal, Cornejo Polar marcó desde entonces los primeros pasos de lo que más tarde constituiría su modelo de explicación de la sociedad peruana como totalidad contradictoria y como heterogeneidad básica de lenguas y culturas. Me refiero a la conciencia temprana de dos sistemas discursivos que coexisten a lo largo del periodo llamado "colonial": junto a un sistema "culto", epígono de los modelos metropolitanos más prestigiosos, coexiste otro "popular", que muchas veces penetra aquél, aunque generalmente pasa desapercibido por la crítica literaria, la cual sólo admite como objeto de estudio al primero. Resulta falsa, así, la división entre una literatura popular y una culta concebida como una secuencia de momentos separados en el devenir discursivo. Si bien Cornejo Polar no se refiere en su Estudio a las formas populares indígenas, sino que siguiendo la tendencia general alude más bien a una literatura popular con raíces en el romancero, la copla y la canción en español coloquial, es claro que su planteamiento apunta hacia la existencia paralela de sistemas discursivos mayores.

De este modo -propone-, la división teleológica y cancelatoria de la crítica tradicional con respecto a una producción popular perdida y agotada a fines del XVI resulta inconsistente en función de la presencia y valoración también en términos de estudios literarios del enorme caudal de discursos ajenos a la escritura. Este planteamiento temprano deja sentada la posibilidad de que los paradigmas del ejercicio crítico se modifiquen sustancialmente y trasciendan sus límites disciplinarios. En 1962, sin embargo, la tarea se verá poster-gada por el poco caudal recopilado en relación con el sistema discursivo indígena. Los trabajos pioneros de Jorge A. Lira y las compilaciones y ensayos de Jesús Lara (v. nuestra Bibliog., xxxviii) apenas habían aparecido unos años antes y tardarían aún varias décadas para ser considerados como parte de los estudios literarios académicos. Asimismo, la célebre Antología general de la poesía peruana de Alejandro Romualdo y Sebastián Salazar Bondy en 1957, que incluía una sección con textos pertenecientes al corpus indígena, no había aún sido abordada en ese aspecto como objeto de estudio desde la crítica especializada, abocada más bien a la producción en castellano escrito. Las bases del marco teórico posterior de Cornejo Polar ya estaban, sin embargo, sentadas desde entonces, y se desarrollarían hasta el punto de renovar los estudios literarios peruanos y latinoamericanos al ser retomadas en sus posteriores trabajos sobre el indigenismo, las crónicas y la oralidad.

Dentro de su acercamiento general, el Estudio de Cornejo Polar continúa con el examen de la vida cultural y la actividad bibliográfica del Virreinato peruano a fin de trazar las condiciones en que la anónima autora del "Discurso" realizó su labor. Es importante señalar aquí que, pese a sus filiaciones inmanentistas, Cornejo Polar es de los primeros en reconocer la pertinencia del conocimiento contextual y hasta biográfico en determinados casos, pues generalmente los sentidos últimos de las obras no se definen únicamente con el análisis desligado del momento histórico de su producción. Reconoce que hubo un momento de la "crítica penúltima" en que el biografismo primaba y la especificidad literaria de la obra quedaba en segundo lugar. Sin embargo, acepta que el reciente extremo opuesto de aislamiento puede ser asimismo contraproducente:

La verdad es que el movimiento pendular que suele dominar el itinerario del pensamiento humano ha podido llevar a ciertas exageraciones, pero el principio antes anotado [de la necesidad de abordar el contexto] tiene validez sustancial en la ciencia de la literatura y no mera importancia histórica dentro de su proceso de desarrollo (100 -01 [19 -20]; 27 en la presente edición) .

Esta confianza en una "ciencia de la literatura" no debe extrañarnos. Las disciplinas sociales y humanas ya habían llegado entonces a un grado de autonomía relativa en su aparato terminológico y en su metodología gracias a los aportes fundamentales de la lingüística estructural, la matriz de las modernas ciencias humanas. El problema en ese momento estribaba sobre todo en el peso que la especificidad de la disciplina literaria le iba a dar a la información histórica, incorporándola como parte de su material de trabajo a manera de recurso explicativo, pero sin abandonar como centro de atención la complejidad semántica y formal del corpus estudiado. En tal sentido, Cornejo Polar intuyó otra de las rupturas epistémicas que más tarde se impondrían en los estudios literarios coloniales: la importancia de la categoría de sujeto antes que la de autor para el análisis y la evaluación del texto. En relación con el género sexual de la anónima autora del "Discurso", por ejemplo, señalaba Cornejo Polar que

[…] incluso si se aceptase la importancia del conocimiento del autor, en este caso concreto el problema resultaría superfluo, porque nada nuevo se aportará el día que se sepa cómo se llamaba quien escribió nuestra obra. Ella seguirá siendo lo que es, significando lo que significa y valiendo lo que vale (101 [20]; 29 en la presente edición).

En otras palabras, el conocimiento del contexto puede servirnos para llegar a la certeza relativa de que el autor de la obra fue una dama criolla y no uno de los poetas varones de la supuesta Academia Antártica (según sostenían Ricardo Palma, V. García Calderón y L. A. Sánchez); pero deja de tener importancia ante la inminencia de las focalizaciones que ese sujeto criollo propone frente al conjunto de las letras del momento, sitúandose desde un lugar de enunciación propiamente americano. De este modo, el Estudio se encuadra en una lectura histórica, pero no historicista y mucho menos biografista, y a la vez en una lectura intertextual, en la que se destaca el específico papel del "Discurso" frente a otros elogios, alabanzas y defensas de la poesía hechos desde la metrópolis.

Es así como en la Segunda (y más importante) Parte de su Estudio, Cornejo Polar logra establecer los vínculos del "Discurso" con numerosos tratados y poéticas del momento. Propone que son cinco los temas principales del "Discurso": 1) la poesía como don de Dios; 2) la majestad de la poesía; 3) su utilidad; 4) el conflicto entre vena y arte, y; 5) las supremas sabiduría y ética que todo verdadero poeta debe tener. Para rastrear la aparición y tratamiento de estos temas en el corpus anterior, se refiere, entre otros, al Arte de la poesía castellana, de Juan del Enzina; El arte poética en romance castellano, de Miguel Sánchez de Lima; el Arte poética española, de Diego García Rengifo; el Cisne de Apolo, de Luis Alfonso de Carballo; y la Filosofía antigua poética, de Alfonso López el Pinciano. Con un amplio bagaje de erudición, notable para su edad en ese entonces, Cornejo Polar se encarga de trazar una a una las semejanzas y diferencias entre el "Discurso" de la Anónima y sus homólogos peninsulares. Desarrolla, por ejemplo, la idea de origen medieval de que la poesía es la reina de las ciencias, y se remonta, para otros temas, a una doble fuente clásica en el "Discurso": Horacio y Cicerón, proponiendo que el clasicismo de la Anónima es más bien un latinismo decantado a través de diversos tratados de corte petrarquista. Encuentra, sobre todo, una relación directa con el Arte poética española (1592), de Diego García Rengifo, a través de dieciocho puntos de contacto, y por lo menos trece coincidencias con El arte poética en romance castellano (1580), de Miguel Sánchez de Lima, considerado por Díez Echarri (65) como la primera poética petrarquista en lengua castellana. Asimismo, plantea que con el Cisne de Apolo (1602), de Luis Alfonso de Carballo, el "Discurso" presenta veintidós coincidencias de tema y tratamiento. Sin embargo, dada la casi contemporaneidad en la fecha de composición de ambos textos, calcula que la consulta de Carballo fue improbable, aunque no imposible, por parte de la Anónima. Por otro lado, a pesar de que Juan de la Cueva, con su Ejemplar poético (1606), y Fernando de Herrera con sus Anotaciones (1580) a Garcilaso de la Vega pertenecen al grupo de los tratadistas petrarquistas (v. Díez Echarri 96), Cornejo Polar no encuentra mayores puntos específicos de contacto, lo cual, sin duda, se debe, al menos en el primer caso, a un problema de fechas. Asimismo, el contacto con Alonso López el Pinciano no resulta tan importante como con los mencionados tratadistas petrarquistas. El diálogo directo -concluye - se dio sobre todo con Sánchez de Lima y con García Rengifo. Pese a las numerosas coincidencias, Cornejo Polar ubica una diferencia importante con los tratados metropolitanos: la insistencia en la condena de la inmoralidad de los poetas, que suele ser secundaria en los tratadistas españoles.

Debemos mencionar, sin embargo, un texto que el propio Cornejo Polar confesó no haber podido cotejar: el "Prólogo en alabanza de la poesía" de Alonso de Valdés, que encabeza la primera edición (1591) de las Diversas rimas de Vicente Espinel. Si aceptamos como altamente probable que la Anónima conoció la obra poética de Espinel (según estudiamos más abajo), es verosímil que también leyera el texto de Valdés. A pesar de su brevedad, este "Prólogo en alabanza de la poesía" comprende casi los mismos temas del peruano "Discurso en loor de la poesía". Comienza, por ejemplo, reconociendo la autoridad de Cicerón y desarrollando el tópico de la superioridad de la poesía sobre todas las otras ciencias: "la qual como en quien concurre lo congruo de la Gramatica, lo sutil de la Filosofia, lo elegante de la Retorica, lo oculto de la Astrologia, lo admirable de la Teologia" (Valdés 36) merece el mayor respeto y reverencia frente a los ataques del vulgo. Si "la poesía es señora de todas las artes", como dice el "Prólogo", "el Poeta tiene necesidad de ser versado en todas" (37). Del mismo modo que la Anónima en el "Discurso", Valdés menciona la importancia de los poetas en la preservación de la fama eterna de los grandes personajes; de ahí el enorme aprecio de Alejandro Magno por Homero y su glorificación de Aquiles, o la posterior contribución de Virgilio para el conocimiento y fama de Eneas y de la historia romana. El "Prólogo" de Valdés señala también que las leyes antiguas se escribían en verso, y que Cicerón y Aristóteles no pudieron prescindir de él. Y hasta el mismo Espíritu Santo habló en versos en boca del Rey David, y la Virgen María lo hizo en el Magnificat. Temas todos desarrollados en el "Discurso".

Cornejo Polar tampoco pudo consultar el "Compendio apologético en alabanza de la poesía", de Bernardo de Balbuena, que aparece como colofón de la primera edición de la Grandeza mexicana. La dedicatoria al Arzobispo de México, don Fray García de Mendoza y Zúñiga, está fechada el 15 de setiembre de 1603, aunque la Grandeza mexicana apareció en las prensas de Melchor Ocharte en 1604 . Si consideramos que Diego Mexía estuvo en México pocos años antes (de hecho, relata en su prólogo "El autor a sus amigos" del Parnaso Antártico que llegó a tierras de la Nueva España por un naufragio en 1596 y a partir de entonces comenzó su traducción de las Heroidas de Ovidio) no sería del todo descartable que haya tenido noticia del "Compendio apologético" de Balbuena si es que el texto o algún borrador circulaba en manuscrito desde antes, como solía ocurrir entre los letrados de una ciudad con muchos trabajos que sólo después entraban en prensa. Sin embargo, que haya llegado a manos de la anónima poeta peruana autora del "Discurso" antes de 1602 (fecha límite de culminación del poema, recordemos) es ya más improbable, aunque tampoco del todo imposible. Menciono estas suposiciones debido a las numerosas coincidencias que tiene el "Discurso" de la peruana con el texto de Balbuena. Naturalmente, muchas de las mismas ideas circulaban en otros manuales y preceptivas, como el propio Cornejo Polar se encarga de dilucidar en su Estudio, por lo que también es verosímil que las fuentes hayan sido comunes. Pero quizá no sobre señalar los puntos de contacto a fin de entregar al lector todos los elementos posibles de juicio en el mejor conocimiento del "Discurso" .

Comienza Balbuena, por ejemplo, mencionando que "el [nombre] de Poeta [anda] tan disfamado en algunos sujetos que apenas le a quedado rastro de lo que otro tiempo fue" (f. 120). La poesía sin embargo, "es digna de grande cue[n]ta, de grande estimacion y precio, y ser alabada de todos y generalmente lo a sido de ho[m]bres doctissimos" (id.). De este modo, cita numerosas autoridades, entre las cuales destaca Platón y su idea del origen divino de la poesía. Asimismo, relaciona la poesía con las "Divinas Escrituras" (f. 121 v.), y señala que los antiguos hebreos fueron los primeros poetas, ya que Dios hablaba por su boca (y en esto coincide plenamente con el "Discurso"). Igualmente, Balbuena se explaya en la idea sobre la condición versal de los antiguos oráculos paganos; por lo tanto, "los que con flaco talento y caudal, […] sin letras[,] experiencia y espíritu" (f. 123) la atacan, deben ser combatidos. Continúa con la exaltación de las virtudes educativas de la poesía (f. 124), de la necesidad de los poetas de "ser cursados en todo, en prosa y en verso" (f. 124 v.), y por lo tanto de dominar todas las ciencias. Se refiere a la consonancia del universo y la poesía, y luego alaba a los príncipes que han protegido a lo largo de la historia el noble oficio de la poesía (f. 134). Lo curioso, sin embargo, se encuentra casi al final del "Compendio": apenas menciona a Luis de Góngora entre los poetas españoles contemporáneos (si bien la lista de los ya muertos es mayor), y se extiende en los poetas novohispanos o relacionados con México, aunque en lista incompleta (Saavedra y Guzmán, Carlos de Sámano, Carlos de Arellano, Rodrigo de Vivero y Lorenzo de los Ríos y Ugarte, ff. 135-135 v.). El catálogo de vates locales, pues, excede, lo mismo que en el "Discurso", al de los peninsulares vivos.

Estas comparaciones nos sirven sobre todo para constatar la enorme actualidad de las ideas expuestas por la Anónima, muy a tono con la tendencia epocal de repetir tópicos a través de variaciones generalmente mínimas. Así ocurre también con el Panegírico por la poesía de Vera y Mendoza, que Cornejo Polar tampoco pudo consultar, aunque en este caso no se hubiera añadido nada a sus conclusiones, ya que se trata de una obra tardía, de 1627, y por lo tanto resulta imposible hablar de una filiación de la peruana con respecto al texto español.

Las conclusiones de este primer Estudio de Antonio Cornejo Polar se condensan en las siguientes líneas:

[…] es exacto afirmar que el "Discurso en loor de la poesía" aparece fuertemente ligado al platonismo -en su versión cristiana- en lo que atañe a su concepción básica de la poesía como don precioso de la divinidad; a la cultura retórica de Roma, -Cicerón, fundamentalmente, y Horacio- en lo que toca al subrayamiento de los servicios y provechos que la poesía regala al hombre, a más de decenas de temas concretos; a la teoría literaria medieval, por su devoción hacia la poesía hebrea y su extremado moralismo, como también por la preocupación acerca de si es lícito o no el invocar dioses paganos; a las poéticas españolas del Renacimiento, a partir de la de Sánchez de Lima, por el culto a obras y autores clásicos, por la pleitesía que se rinde a la poesía, y genéricamente, por el tratamiento de casi todos los aspectos importantes que se leen en dichos tratados del Renacimiento. Como ellos, además, el "Discurso" carece de originalidad y limítase a sintetizar temas de filiación clásica, propios de la cultura general de entonces (215 [134]; 125 en la presente edición).

La capacidad de síntesis mostrada hacia el final de su Estudio es ya una muestra de la visión global que Cornejo Polar mantendría en relación con las literaturas andinas en los años posteriores. También es visible su cuidado en mantener las peculiaridades ortográficas y puntuacionales del "Discurso en loor de la poesía" para facilitar el examen filológico de futuros especialistas. Aunque es obvio que el Estudio está encuadrado en una práctica crítica muy al uso a principios de los años 60, pueden verse desde entonces, como hemos anotado, los primeros atisbos de lo que después constituirían sus mayores aportes al pensamiento latinoamericano. Me refiero, por un lado, al planteamiento de la interdependencia de sistemas discursivos a partir de una heterogeneidad de base y, por otro, a la visión democratizante de la labor intelectual en el cuestionamiento de los objetos de estudio tradicionalmente concebidos. Aunque se haga más claro en sus estudios posteriores sobre las crónicas de la conquista, José María Arguedas, Clorinda Matto de Turner, Ricardo Palma, las representaciones de la muerte de Atahualpa, la oralidad en Vallejo, y la novela y la teoría latinoamericanas en general, la amplitud disciplinaria y la calidad crítica basada en la verificación de sus fuentes y en su interpretación original pueden apreciarse ya desde el temprano Estudio de 1964.

 

2. Otros aportes

 

Desde entonces, mucho se ha escrito sobre el "Discurso en loor de la poesía", en varios casos con reveladoras lecturas que complementan y desarrollan lo que en su momento entregó el maestro peruano. No intentaré agotar la totalidad de los estudios realizados sobre el "Discurso", pero al menos los siguientes párrafos servirán de guía para avizorar los caminos en que la investigación se encuentra en mejor o peor estado, todo con miras a colocar en su justo lugar el primer libro de Cornejo Polar.

En principio, recordemos que antes de 1962 ya Luis Jaime Cisneros había emprendido el cotejo textual del "Discurso" con otros poemas y preceptivas contemporáneos. Por ejemplo, Cisneros ilumina las coincidencias que el texto de la Anónima guarda con el Ejemplar poético (1606) de Juan de la Cueva, anticipando una relación que Cornejo Polar no llegó a desarrollar. Asimismo, Cisneros estableció la comparación con el "Canto de Calíope", en La Galatea (1585) de Miguel de Cervantes, y con el Quijote en lo que concierne a los comentarios sobre preceptiva literaria. El aporte de Cisneros, a los que habría que sumar sus numerosos artículos sobre poesía virreinal y específicamente sobre la obra del coetáneo Diego Dávalos y Figueroa, constituye un material de necesaria lectura para los interesados en el tema.

Por su lado, el trabajo de Alicia de Colombí-Monguió incluido aquí también analiza las características del "Discurso" en tanto defensa y no sólo alabanza de la poesía. Señala que existe una larga tradición humanista de defensas de la poesía, que arranca con "las epístolas de Albertino Mussato [y] la Invectiva contra médicos de Petrarca" (217 en este volumen), para ser continuada por Boccaccio y repetida por Coluccio Salutati "en varias de sus cartas y en Las labores de Hércules" (ibid.).

Colombí-Monguió también rescata las lecturas del mundo clásico (Cicerón, especialmente) transmitidas en versiones italianas. Y discute así el conocimiento del latín por parte de la Anónima. Toda la erudición de la autora del "Discurso" tiene, sin embargo, una función política indirecta:

Nuestra Anónima no repite meramente topoi clásicos, los utiliza poniéndolos al servicio de su propósito. Todo humanista necesitaba -para serlo- resucitar a los antiguos, sin los cuales el humanismo no hubiese existido jamás, de ahí que el hecho mismo de mencionarlos revele la identidad de la autora como auténtica humanista. Nuestra Anónima hace las cosas con mucho tino, tanto en lo que calla como en lo que canta (221).

Con esto, Alicia de Colombí-Monguió sitúa en el debate criollista la reivindicación del espacio sudamericano desde el cual se escribe, señalando que no son nada gratuitas las alusiones al punto de enunciación y la casi exclusividad que se hace entre las menciones de los poetas modernos de aquellos que pertenecían a la presumible Academia Antártica, dejando de lado los nombres de los poetas españoles e italianos del momento. No es el "Discurso", pues, una exaltación de la poesía en abstracto, sino muy dentro del contexto de la expansión imperial (translatio imperii) y del reconocimiento de que el axis mundi de la cultura europea se había mudado al Nuevo Mundo por obra y gracia de la translatio studii humanista. Y en poesía, como dice la autora, el humanismo tiene el nombre de petrarquismo.

Un desarrollo de esta visión abarcadora de la función ideológica del "Discurso" se da en un trabajo posterior de Colombí-Monguió ("Humanismo y erudición en el Perú virreinal"), en el cual analiza el humanismo americano no sólo como una afirmación por poseer y pertenecer a los territorios conquistados, sino también como manifestación de la compleja inseguridad que los letrados antárticos sentían frente a los paradigmas europeos de civilización y frente al dilema de la propia identidad. De este modo, Colombí-Monguió establece que la erudición y alarde de italianismo tanto en los tópicos literarios como en la lengua misma de los miembros de la supuesta Academia obedecían sobre todo a un complejo de inferioridad que hacía a esos letrados interiorizar el desprecio hacia los "bárbaros" americanos sentido por las elites peninsulares. La autora ahonda así en una interpretación dialógica y extratextual, apoyada, sin embargo, en la evidencia escrita, que incluye sin duda el problema de las subjetividades textuales y a la vez nos permite explicar la función real y no meramente imitativa del humanismo americano.

Otros aportes en el mejor conocimiento del "Discurso" se dan en los trabajos de Raquel Chang-Rodríguez. Por ejemplo, en "Clarinda, Amarilis y la 'fruta nueva' del Parnaso peruano" propone la precedencia en la elaboración de una imagen de femineidad que tanto la Anónima como Amarilis (la autora de la célebre "Epístola a Belardo") hicieron para el fortalecimiento de la institución letrada virreinal, mucho antes de la más conocida Sor Juana Inés de la Cruz a fines del XVII. Mediante el análisis de las figuras de la araña, la mariposa y la hormiga con que la Anónima se presenta a sí misma en el "Discurso", Chang-Rodríguez explora las connotaciones rebeldes de la voz poética en tanto mujer, letrada y americana. En una línea semejante, su estudio sobre el catálogo de mujeres célebres ("Clarinda's Catalogue of Worthy Women in Her 'Discurso en Loor de la Poesía')" ahonda en el problema de las genealogías autorizadoras tan urgentes en el contexto de la ansiedad por legitimarse entre los letrados criollos y baqueanos.

Por su lado, Georgina Sabat-Rivers (en "Antes de Juana Inés") presenta el "Discurso" de la Anónima y la "Epístola" de Amarilis dentro de una lectura feminista, que se entronca también con una larga estirpe de mujeres escritoras en lengua castellana. Del mismo modo, Luis Monguió en "Compañía para Sor Juana", resalta el valor de las letras del virreinato peruano en las figuras de la Anónima y Amarilis, que no resultan casos aislados, pues se sabe de otras autoras más fácilmente identificables que destacaron por su hábil manejo de las letras en el difícil contexto de discriminación de género dentro de las sociedades virreinales. Asimismo, Trinidad Barrera hace una presentación general sobre la traducción libre hecha por Mexía en su "Introducción" a la edición facsimilar de la Primera Parte del Parnaso Antártico de Obras Amatorias. Ahí mismo se encuentran algunas páginas dedicadas directamente al "Discurso" (20 -34), donde la estudiosa española contribuye con un análisis inicial sobre su estructura retórica . Como última mención en los estudios recientes sobre el "Discurso", aludo nuevamente a la mirada panorámica que ofrece Elías Rivers de las poéticas y alabanzas de la poesía en español, en lista que resulta complementada tanto por los estudios del presente volumen como por los trabajos descritos párrafos arriba.

Esta apretada descripción de aportes posteriores al Estudio de Cornejo Polar no pretende ser exhaustiva y quiere servir, como señalé antes, principalmente de guía y ordenamiento en los estudios realizados sobre el "Discurso". Han quedado muchos temas por resolver en la crítica sobre el poema de la Anónima, sin duda, pero es importante destacar que dicha crítica ha madurado enormente en relación con las discusiones de la primera mitad del siglo exclusivamente centradas en la identidad de la autora, casi siempre fuera del análisis textual y partícipes de un "ejercicio del criterio" (Martí dixit) de carácter biografista, paradójicamente ahí donde no había biografía sobre la cual apoyarse.

Los estudios literarios llamados "coloniales", que han pasado por importantes renovaciones metodológicas y epistemológicas en los últimos veinte años, se inclinan por desentrañar no solamente las filiaciones literarias entre un texto y su tradición, sino sobre todo por dar cuenta de la red de negociaciones discursivas y extradiscursivas en las que dicho texto se ubica y significa algo más que la mera reconstrucción de su genealogía letrada . En ese sentido, la reflexión sobre la identidad escurridiza del sector criollo y baqueano del Virreinato peruano, visible en los trabajos de Colombí-Monguió, y la exploración por la perspectiva femenina de la voz poética del "Discurso", como en los ensayos de Chang-Rodríguez y Sabat-Rivers, han contribuido no sólo a establecer nuevas fuentes textuales para el "Discurso", sino sobre todo para aclarar el porqué de determinadas adopciones prestigiosas y la función ontológica y política que dichas elecciones tenían en el tenso panorama de las rivalidades con los peninsulares no establecidos en el Nuevo Mundo y con los amplios sectores indígenas y africanos de fines del XVI. Lo que quizá no se ha hecho con la acuciosidad que requeriría el tema -y esto, más que un reproche, constituye un reconocimiento- es, por ejemplo, el análisis de los paralelos y variaciones estilísticas que existen entre el "Discurso" y las versiones ofrecidas por Mexía de las Heroidas de Ovidio. Cabe, por eso, discrepar aquí con lo expresado por Cornejo Polar acerca de que el "Discurso" "nada tiene que ver con las Heroidas" (cf. 40 en esta edición). Además de la evidente analogía en la construcción de una voz femenina, como ocurre en dieciocho de las veintiún epístolas de Ovidio, del llamar Mexía a la Anónima una "heroica dama", parangonándola con Helena, Ero, Penélope y las demás heroínas narradoras de las Epístolas (indicio observado también por Barrera en "Una voz femenina" 116), y de la homogénea construcción en tercetos encadenados, hay algunas hasta ahora no señaladas analogías de estilo. Compárense, por ejemplo, las estructuras en la Dedicatoria de Mexía al Oidor Juan de Villela ("una pluma de oro de Ovidio […]. Esta pluma, pues, quisiere yo (Señor) alcançar […]") y los versos iniciales del "Discurso": "La mano, i el favor de la Cirene / […] / i el agua co[n]sagrada de Hipocrene / I aquella lira con que d'el Averno / Orfeo libertò su dulce esposa / […] / La celebre armonia milagrosa / […] / El platicar suave buelto en llanto / […] / El verso con que Homero eternizava / […] / Quisiera qu'alcançaras Musa mia" (vv. 1-16). Entre otros muchos casos, expresiones de varias de las Epístolas se asemejan también a otras del "Discurso". Verbigracia: "mi canto ronco, i debil voz levanto" ("Epístola Sétima" v. 5) y "Mas en que mar mi debil voz se hunde?" ("Discurso", v. 37); "hazle soldado tuyo, y que me quiera" ("Epístola Sétima" v. 57) o "Si al amor sigues, si eres su soldado" ("Epístola Decimoctava", v. 373) y "me obliga a que me muestre tu soldado" ("Discurso", v. 57); "I pues, que fue en el mar tu nacimiento" ("Epístola Decimoctava", v. 382) e "I pues eres mi Delio […]" ("Discurso", v. 805); etc., etc. De hecho, esto sólo sugiere que la Anónima debió haber leído la traducción de Mexía antes de componer su "Discurso" y no prueba necesariamente la vieja hipótesis sobre la "superchería" de Mexía. La comparación, sin embargo, requiere de un estudio más minucioso, que escapa del propósito de estas páginas y que dejamos para una futura ocasión.

Tampoco se ha desarrollado, entre otros posibles temas, el zanjamiento onomástico con respecto al seudónimo "Clarinda", que en realidad ha pasado a constituir una seudoidentidad que sólo personaliza a la Anónima, prestando atención al "Discurso" principalmente fuera de su relación con los otros miembros de la presunta Academia Antártica y con el resto de la tradición letrada que no se inserta en los géneros preceptivos ni explícitamente exaltadores de la poesía.

Los párrafos que siguen no pretenden poner en duda lo que consuetudinariamente se acepta sin cuestionamiento (la condición de mujer de la Anónima), pese a que los únicos fundamentos para esta premisa consisten en que la voz poética se presenta como femenina y "débil" en por lo menos cinco ocasiones, además del hecho innegable de que sí hubo mujeres cultas en el Virreinato que bien podrían haber alternado con el grupo de Mexía. Lo que ahora pretendo es añadir algo a lo ya dicho sobre la Anónima y su voz poética en función de otros cruces textuales, distintos de los hasta ahora practicados.

 

3. La genealogía del nombre "Clarinda" y su relación con la Anónima del "Discurso"

 

Como se sabe, Marcelino Menéndez y Pelayo fue el primero en llamar a la Anónima con el nombre de "Clarinda" en la larga Introducción a su Antología de poetas hispanoamericanos, publicada en cuatro volúmenes entre 1893 y 1895 como parte de los festejos por el Cuarto Centenario del "Descubrimiento" de América (v. Vol. 3, CLVIII). Ricardo Palma, sin mencionar al polígrafo español, repitió el gesto en el prólogo de su edición de Flor de Academias y Diente del Parnaso (VIII-XIV) de 1899 y en la tradición "Las poetisas anónimas" (que contiene el mismo texto), en Cachivaches (1900) y en la novena serie de sus Tradiciones peruanas en la colección Mis últimas tradiciones y Cachivachería. Palma, como bien señaló Tauro del Pino (26), aunque sin mencionar al anterior Menéndez y Pelayo, cometió una ligereza al identificar a la autora del "Discurso" con el nombre de un personaje mencionado apenas una sola vez en el poema como musa del capitán Juan de Salcedo Villandrando, miembro de la hipotética Academia Antártica, alabado por la Anónima. Clarinda aparece en el verso 570, folio 21, del "Discurso":

 

565 A ti Iuan de Salzedo Villandrando
el mesmo Apolo Delfico se rinda,

a tu nombre su lira dedicando:

 

Pues nunca sale por la cumbre Pinda

co[n] tanto resplandor, cuanto demuestras,

570 cantando en alabança de Clarinda (énfasis mío).

 

Aunque no es nada segura la identificación entre la tal "Clarinda" y la autora, el bautizo de Menéndez y Pelayo y de Palma ha sido casi unánimemente imitado a lo largo del siglo XX. Tauro (28) se encarga de hacer el recuento correspondiente de los principales casos hasta 1948. Por mi parte, confieso que resultaría ocioso señalar cada uno de los trabajos que han persistido en el gesto durante la segunda mitad del siglo. Sin embargo, hay que señalar que la crítica actual se inclina en contra de la hipótesis de una "superchería" (como la llamó Palma) de Mexía o de algún poeta amigo suyo, y por lo tanto de la inexistencia de una autora mujer, con lo que el personaje Clarinda pasó a convertirse en seudónimo de la autora sobre todo para reafirmar y darle mayor personalidad a su condición femenina. (En el caso de Palma, irónicamente, la identificación de la Anónima con Clarinda estaba dirigida más bien a desentrañar la "superchería" masculina, ya que era fácil asumir que la tal Clarinda era sobre todo una invención poética de los vates de la Academia y, por lo tanto, identificable con uno de ellos). Repito que dejo por ahora el tema del sexo del autor, pues lo que importa aquí es discutir la pertinencia del nombre y averiguar si realmente existió antes del apelativo de la dama merecedora de los versos del capitán Salcedo. Pese a ello, asegurar el seudónimo como propio de la Anónima del "Discurso", si bien no es una idea completamente desechable, revela antes que nada una actitud que estimo merecedora de mayor atención.

Fue también Menéndez y Pelayo (CLVII-CLVIII), y luego Tauro (150 -51) quienes mencionaron que ya existía una Clarinda en el Canto II de "La casa de la memoria", uno de los poemas que forman parte de las Diversas rimas (1591) de Vicente Espinel. El poema, curiosamente, contiene un largo catálogo de dignos representantes de las armas y las letras españolas (rasgo que repite el "Discurso" para los poetas indianos y criollos), y entre ellos se menciona a Pedro Montes de Oca, poeta sevillano afincado en el Perú (ya en 1576 era corregidor en Cajatambo y Ambas y de Lampas y Ocros [Tauro 146]). Este mismo poeta aparecería en 1608 entre los nombrados como miembros de la supuesta Academia Antártica . Montes de Oca, amigo de Espinel, según se colige del soneto inicial que el sevillano le dedica al rondeño padre de la estrofa "espinela" en los preliminares de las Diversas rimas, es aludido por Espinel de esta manera:

 

Tu que las ondas, y caudal corriente

Del patrio Betis sin razón negaste,

Y en alto estilo de vn ingenio ardiente

A Lima en Ocidente celebraste:

Buelue el tributo, a quien tan justamente

Deues el claro nombre que ganaste,

(Pedro Montes de Oca) que no es Lima

Dino de tan aguda, y pura lima.

 

Nunca ha podido la interior carcoma

Del inorante vulgo derribarte,

Que la razon al fin lo vence, y doma,

Y biue la verdad en toda parte:

Las armas en defensa tuya toma,

El propio Apolo para eternizarte,

Biue Clarinda, y biua tu memoria,

Que es tu nombre, y será dino de gloria (92, énfasis mío).

 

Si Apolo toma las armas para defender al poeta Montes de Oca con miras a eternizarlo (el laurel "nunca se seca", como decía Román y Zamora, cit. por Balbuena, f. 139), es natural que la amada del poeta también sobreviva al olvido. Lo curioso es que el "vive Clarinda" se refiere al presente perpetuo del personaje, lógicamente preservado por la altura de la poesía de Montes de Oca (de la cual, desgraciadamente, sólo ha quedado el mencionado soneto), mientras que el "viva tu memoria" puede referirse tanto al deseo de que el recuerdo del poeta se prolongue como a una simple proclamación (del verbo vivar) en alabanza de Montes de Oca. Así, la única que realmente se eterniza es Clarinda (y estamos, repito, en 1591). Por otro lado, el "que es tu nombre" del poema parecería entenderse en función de la identidad, tan común en la época, entre el poeta y el dios Apolo. Como sabemos, al tener su templo principal en la isla de Delos, Apolo era llamado Delio en numerosas composiciones anteriores, y tal nombre recibían los personajes identificados con los autores, como ocurrirá en la contemporánea Miscelánea austral (1602) de Diego Dávalos y Figueroa, y en el mismo "Discurso en loor de la poesía", donde Mexía, si bien no autor, es el "mi Febo, Sol y Delio solo" (v. 45) de la voz poética femenina.

Cabría preguntarse, sin embargo, si el "que es tu nombre" del poema de Espinel no se refiere más bien a "Clarinda" como uno de los seudónimos de Montes de Oca. Sin ánimo de disputar la autoría femenina del poema peruano (ya para eso hemos planteado la distinción entre Clarinda y la Anónima), debe recordarse que los personajes y voces femeninas son frecuentes en la literatura española desde las gallegas cantigas d'amiga y las jarchas sefarditas (Mujica 72). En el circuito "culto", la voz femenina central se construye por lo menos desde la Historia de los amores de Clareo y Florisea y de los trabajos de Isea (1552) del poeta alcarreño Alonso Núñez de Reinoso, donde Isea relata sus aventuras y penas, como poco después harán en numerosos fragmentos de la Diana (1559) de Jorge de Montemayor la propia protagonista y muchas de las pastoras, como Selvagia y Felismena, lo mismo que la narradora protagonista de la Menina e moça (1554) de Bernardim Ribeiro.

No era inusual que determinados estados de ánimo adquirieran representación femenina según la tradición petrarquista de modelar a la mujer en función de una perspectiva masculina (si tal cosa existe como entidad unitaria e inintercambiable). Mucho se ha discutido dentro de los estudios de género sobre la especificidad de una perspectiva femenina en la literatura actual. Trasladar, sin embargo, este debate al terreno del Renacimiento puede resultar contraproducente si no se considera que el trasvestismo onomástico era práctica corriente entre los poetas y autores "cultos" del momento. Y esto debido a que existía la común percepción de que algunas partes del alma humana eran intrínsincamente femeninas, y con ellas se reconciliaban los pastores al asumir su propia sensibilidad (Mujica 76). Así, las Dianas, Selvagias, Elisas, Fiamettas, Filis y, por qué no, Clarindas, circulaban por la literatura como heroínas y altas exponentes de categorías universales y encarnaciones visibles del ideal neoplatónico. Eran habitantes acreditadas de la ínsula pastoril, especie de arcadia o locus amœnus en que se desarrollan los acontecimientos del género eglógico y pastoril en general, sustraídas del "siglo" mundano y de la "corte", y elevadas a una condición atemporal que las apartaba, lo mismo que a sus contrapartes "masculinas", del realismo que empezaba a ponerse en boga en la narrativa española a partir de la primera edición del Lazarillo en 1554 .

Hablando de Clarinda, es el ya mencionado Núñez de Reinoso quien la coloca antes que Montes de Oca y Salcedo en el grupo de las demás habitantes de la ínsula pastoril. En su égloga "Baltea", de 1552, el pastor Baltheo canta a su amigo Argasto sus penas por Florea, a quien apoda "Mudanza" dada la volubilidad de sus preferencias, y le relata luego su nuevo amor por la pastora Delia. Argasto, a su vez, se queja del desdén y rechazo hasta geográfico de su adorada Corina. En ambos casos, anotemos que Delia y Corina provienen de una larga y prestigiosa estirpe: son, respectivamente, las amadas poéticas de Albio Tibulo y de Ovidio. Delia, además, resulta identificable con Diana (por ser ésta de Delos) y con la Luna, y tiene atributos de ambas: amor a la caza, castidad, e independencia de los hombres, además de la claridad del astro nocturno. No por nada la "Baltea" comienza de noche, rasgo inusual en el género. Durante su relato, Baltheo llega al momento en que conoció a Delia, según describe, en un lugar de ampulosa exuberancia habitado por pastores y pastoras, muchos de ellos sacados de obras de sus amigos de la tertulia de Basto, en Portugal (Bernardim Ribeiro y Francisco de Sá Miranda, principalmente), a quienes también fueron cercanos en temas, referencias y amistad Jorge de Montemayor y Feliciano de Silva (Teijeiro Fuentes, "Prólogo" 44 -45), así como sacados también del Virgilio de las Églogas. Antes de deslumbrarse con Delia, Baltheo ve a Silvestre y Amador, se encuentra "con Agrestes, pastor bueno" (Núñez de Reinoso 154), y más adelante,

 

vi Dirçeo y más Rosano […]

vi Panflores y vi Jano / […]

vi Melibeo y Silvano

vi Títiro y Coridón / […]

vi a Perseo y vi a Fauno (154-55),

 

para comenzar inmediatamente después con el catálogo de las pastoras, no menos linajudo:

 

Vi Armenia y vi Clarinda,

y vi Silvia, la pastora

que vivía

con la serrana Florinda;

y vi la ninfa que Mora

se decía;

vi Eufrosina y Silvana,

que ojos con que mataba

tiene de fuero,

y más vi la linda Juana

(Núñez de Reinoso 156 -57, énfasis mío).

 

En no desdeñable companía aparece, pues, esta temprana Clarinda de 1552. El editor moderno de la poesía de Núñez de Reinoso nos da sólo la genealogía de Silvia (personaje de Feliciano de Silva y de Montemayor), de Eufrosina (en el título de una obra de Jorge Ferreira de Vasconcelos) y de Juana (en la "Égloga II" de B. Ribeiro [Teijeiro Fuentes en notas a Núñez de Reinoso 156 -57]). De Florinda podríamos añadir que es remembranza, quizá, del modelo de virtud de la hija del Conde Don Julián, forzada por el Rey Don Rodrigo. (La leyenda cuenta que debido a esto Don Julián se alió con los árabes y los enemigos de Rodrigo, siendo éste vencido en el año 711 en la batalla del Guadalete, que marcó el fin del dominio visigodo sobre España y el inicio del musulmán). Florinda rememora, a su vez, el nombre de la Florisea del propio Núñez de Reinoso en su Historia de los amores de Clareo y Florisea. Por simple fusión de nombres, Clareo y Florinda derivan fácilmente en Clarinda.

El nombre debió tener cierta fortuna, pues pocas décadas después aparecerá en Inglaterra, bajo el esplendor isabelino, en la pluma de Bernabe Rich (1540-1617) y las dos partes de su Straunge and Wonderfull Adventures of Don Simonides, publicadas en Londres, respectivamente, en 1581 y 1584 . En la primera parte nos presenta el episodio titulado "The Most Pleasant and Delectable Historie of Simonides and Clarinda" (énfasis mío), que cuenta las primeras aventuras de este caballero español y luego el inicio de su peregrinaje por Europa tras el rechazo de su amada Clarinda.

El texto de Rich nos interesa no sólo por la protagonista femenina, cuyo nombre coincide con el tradicionalmente atribuido a la autora del "Discurso", sino también porque está situada en Sevilla, la ciudad natal de Diego Mexía, Pedro Montes de Oca, Diego de Hojeda, Duarte Fernández y otros de los nombrados por la Anónima como miembros de la Academia Antártica (v. Riva-Agüero 112). Sevilla será también la ciudad en la que el "Discurso" aparecerá finalmente publicado en 1608. El relato de Rich nos presenta el caso de una pareja de jóvenes españoles de gran hermosura, que resultan ser, respectivamente, hijos de dos grandes amigos, Laumenio y Calides. Al llegar los jóvenes a edad casadera, Laumenio ordena a su hijo buscar novia y tener descendencia. La inclinación natural lleva a Simónides a expresar su amor por su antigua amiga y compañera Clarinda, "la más bella dama de Sevilla", que además resume todas las virtudes espirituales e intelectuales del ideal renacentista. Dada su inclinación por la vida religiosa, sin embargo, Clarinda rechaza la propuesta del enamorado Simónides y decide permanecer virgen por el resto de sus días. Simónides, pese a ello, jura serle devoto y la termina de convertir en "dueña y señora de su alma". Luego de numerosas aventuras como peregrino por el resto de España y por Italia, vuelve a Sevilla después de diez años en la Segunda Parte (de 1584) sólo para enterarse que Clarinda se ha casado con un hombre viejo y rico.

A pesar del final misógino del texto, pues Rich no desperdicia la oportunidad para defenestrar a las mujeres españolas por la frivolidad y "Mudanza" de Clarinda (recuérdese a la Florea de Núñez de Reinoso), no es de extrañar que el paradigma neoplatónico se haya manifestado en la Primera Parte de esta pieza de la literatura inglesa poco conocida en los estudios contemporáneos. Según sabemos, era bastante extendida en la literatura europea del XVI el conjunto de temas y modelos extraídos de la tradición italiana. De hecho, algunos episodios de las Aventuras de Don Simónides provienen de los relatos de Matteo Bandello y Francesco Maria Molza (Kind lxix -lxxix). Asimismo, la mayor parte de las historias del Farewell to the Military Profession de Rich provienen de las traducciones de cuentos italianos anteriores. Por ejemplo, "Apolonius and Silla" (un cuento que incluye los nombres de "Pedro" y "Silvio") fue tomado de Matteo Bandello (1485-1561) en su Seconda Parte delle Novelle del Bandello, quizá a través de la traducción al francés por Pierre Boisteau y François de Belle Forest bajo el título de Histoires Tragiques (1570).

Es indudable que no sólo el neoplatonismo, sino toda la veta narrativa de las novelle (historias cortas de tema amoroso, como se entendía en la época) tuvieron una difusión enorme en Francia, Inglaterra y España. Al nombre del "Ariosto en prosa" o "Boccaccio del Cinquecento" (Flora IX), como se llamaba a Bandello, hay que añadir los del archiconocido Giovanni Boccaccio, y de los hoy menos recordados Giovanni Fiorentino, Salernitano Masuccio, Luigi da Porto, Giambattista Giraldi Cinthio y Giovanni Francesco Straparola. Todos ellos delinearon en distintos matices aspectos de la vida renacentista a través de una prosa de entretenimento que gozó de las predilecciones de los lectores cultos de la época, aunque en algunos casos sus relatos incursionan también en temas de amor sensual.

Sin embargo, pocos han visto hasta ahora la conexión entre las Aventuras de Don Simónides y una obra casi olvidada de la literatura española que también le sirvió de fuente directa: la Selva de aventuras (1565 y 1583) de Jerónimo de Contreras. Desde 1913, Becker ya había mencionado que Rich se basó para su Simónides no sólo en fuentes italianas, sino sobre todo en la mencionada novela. Los paralelos entre las obras de Contreras y de Rich son abrumadores. La Selva de aventuras se inicia también en Sevilla, donde Luzmán y Arbolea, hijos de dos viejos y ricos amigos, crecen juntos hasta que llegan a edad casadera y Luzmán, enamorado desde pequeño de la hermosa Arbolea, la pide en matrimonio. Ésta le responde que desea dedicar su vida a la contemplación divina y guardar su virginidad. Luzmán se convierte entonces en centro de un contradictorio movimiento: por un lado, recorre diversos lugares de España y Europa, encarnando así una de las más claras representaciones de la figura del peregrino, y por otro lado, se caracteriza por un sólido estatismo sentimental, que no le permite apartar los pensamientos de Arbolea y lo obliga a regresar a Sevilla después de diez años. La primera edición de la Selva, de 1565, fue modificada con el añadido de dos libros más en la edición de 1583. Mientras en la primera versión Luzmán y Arbolea son destinados a vivir separados en completa dedicación a la vida religiosa, en la segunda versión Luzmán es objeto de las búsquedas de Arbolea, quien se convierte a su vez en peregrina, cambia de nombre (se llamará Tridonio) y, por lo tanto, de apariencia femenina en masculina. Finalmente, encuentra a Luzmán y se casa con él. Como se ve, los finales de la primera como de la segunda versión de la obra de Contreras difieren del final de la segunda parte de la obra de Rich, en que Clarinda (la versión inglesa de Arbolea) pierde todas sus virtudes.

Interesa destacar sobre todo algunos puntos básicos: la presencia constante de Sevilla (ciudad natal de Mexía, Montes de Oca y otros peruleros, como conviene recordar), el tópico de la tormenta que altera los planes del protagonista en su peregrinaje (tal como ocurre también en el prólogo "El autor a sus amigos" de Mexía en su Primera Parte del Parnaso Antártico) y la superioridad moral de la Arbolea española, igualada por la Clarinda inglesa sólo en la primera parte de la obra de Rich.

Si la obra de Rich de 1581 fue conocida en España, y por lo tanto se dio un reforzamiento del nombre de Clarinda para el paradigma de las virtudes femeninas de las damas sevillanas, es algo que espera mayor investigación. Lo cierto es que Montes de Oca y Salcedo Villandrando pudieron también haberse inspirado en el nombre propuesto por Núñez de Reinoso en 1552, o quizá en alguno de los personajes llamados Clarinda en diversas comedias contemporáneas de Lope de Vega. No es casual que éste proclame como su maestro a Vicente Espinel en el Laurel de Apolo (Clarke 9, n. 2), el mismo que le había atribuido, precisamente, la Clarinda de 1591 a Montes de Oca. Lope utiliza el nombre Clarinda para una dama noble en La infanta desesperada (compuesta entre 1588 y 1595), en La contienda de Diego García de Paredes (1600) y en Los amantes sin amor (entre 1601 y 1603). También como dama inglesa noble en Don Juan de Castro I (entre 1597 y 1608) y Don Juan de Castro II (entre 1599 y 1608). Por último, en menor posición, como villana o dama francesa en La ocasión perdida (entre 1599 y 1603), Los tres diamantes (entre 1599 y 1603) y La ventura sin buscalla (entre 1606 y 1612) .

Como materia anecdótica, debo mencionar que el nombre Clarinda sí tuvo una fecunda y prolongada estirpe dentro de la literatura inglesa posterior a Bernabe Rich. Durante los últimos años de la dinastía de los Stuarts existía una afición extendida por los nombres terminados en -inda, tales como Clarinda, Dorinda, Florinda, Melinda, quizá sugeridos por la lejana Belinda de Ludovico Ariosto . En el siglo XVII, Rhodolinda es la heroína de la Alvobine (1629) de D'Avenant. Alexander Pope inventó su Zephalinda y Gay la cómica ramera Blouzelinda. Los dramaturgos de la Restauración, como Sir Joseph Vanbrugh, abundan en nombres latinizados como Amanda, Berinthia, Belinda, Hortensia, Aminta, Clarissa, Amarinta, Corina y Clarinda. Ya en el XVIII, Lady Mary Wortley Montagu gustaba firmar durante su juventud con el seudónimo de Clarinda, y Henry Baker y John Cunningham tienen sendos poemas titulados "Clarinda". En 1776, el vate escocés Alexander Nicol compone poemas de amor en que la protagonista es una dama en desgracia de nombre Clarinda. Finalmente, para no "incurrir en (mayor) prolijidad", mencionaré que otro poeta escocés, Robert Burns, escribió numerosas composiciones dedicadas a su amante, Agnes MacLehose, a quien llama Clarinda, mientras él firma con el no menos pastoril nombre de Sylvander (posiblemente en referencia a Silvandro o "varón de los bosques"; v. Brown 48).

Así, además de esta genealogía múltiple, el verso de la Clarinda del "Discurso" ("cantando en alabanza de Clarinda") presenta como peculiaridad formal la aliteración nasal al final de sílaba tónica (-an, -an, -in), lo que le otorga, al rimar con "cumbre Pinda", una musicalidad que mal habrían logrado otros nombres trisílabos como Corina, Armenia, Selvagia o Florea. Sin mencionar que Clarinda es fácilmente desmontable en "Clara y linda" o, mejor aun, en "Clarín da", sugiriendo el amanecer, identificable, más que con el personaje femenino aludido, con el competidor de Apolo, Salcedo Villandrando.

 

4. Conclusiones

 

Según lo expuesto, los cantores indianos de Clarinda, Pedro Montes de Oca y Juan de Salcedo Villandrando, bien pudieron haber dirigido sus liras hacia tal personaje antes de llegar al Perú y de conocer a la Anónima criolla. También es posible que hayan vuelto a usar el nombre en Lima para referirse a un paradigma pastoril semejante al de Núñez de Reinoso, sin necesidad de que hubiera una dama de carne y hueso que se identificara con él. Si la Academia Antártica existió con todas las prerrogativas y obligaciones de sus miembros, Clarinda pudo haber sido simplemente un tema más de composición, a manera de ejercicio, según se estilaba en las academias italianas y españolas de la época. Y es comprensible que si Menéndez y Pelayo cometió el desliz de identificar personaje y autora, lo hizo para acreditar la condición femenina de ésta. Sin embargo, no es difícil advertir que a los pocos años Palma repetirá el gesto para proponer, más bien, que la Clarinda-autora era una invención masculina, pergeñada por el propio Mexía o alguno de los poetas de la presunta Academia.

Al margen de la disputa sobre el sexo del autor, cosa que poco interesa para fines de análisis del poema, queda en claro que el tradicional nombre no tiene una base más segura que el deseo de acercar a la Anónima a una más precisa identidad. Y de este uso (aunque reconocía su arbitrariedad) ni el propio Cornejo Polar, siendo el crítico más completo del "Discurso", logró sustraerse.

Sígase empleando o no el nombre de Clarinda para su autora en futuros trabajos sobre el "Discurso", el problema de fondo es realmente otro: la afirmación de una legitimidad cultural por parte de aquellos letrados fronterizos que apelaron a diversas voces para elaborar en el plano de la republica humanitas (como ya señalara Colombí-Monguió) lo que en el plano político y legislativo se entendía antes que nada como "Reino" en condiciones análogas a las de otros bajo la misma monarquía universal y no como mera colonia extractiva. Esa identidad criolla, con sus lealtades y sus ambigüedades, debe entenderse en el contexto de las distintas negociaciones que debían ejercer sus miembros letrados no sólo frente a los peninsulares recién llegados y frente a las grandes mayorías indígenas y africanas, sino también al interior de su propia multiplicidad, que revela subjetividades convergentes y divergentes, pero que comulga en su condición de extrañeza y dislocamiento frente a un ideal de sociedad española sólo a medias transplantada en la práctica. Reacciona así como "un amor decepcionado" (Lavallé 1) que, ante el rebajamiento ontológico de un sector del discurso peninsular, se manifiesta mediante una hipérbole exaltadora de la geografía, la calidad humana y, naturalmente, las virtudes poéticas locales.

El aporte de Antonio Cornejo Polar en este su primer libro resulta fundamental para entender el grado de complejidad que llegó a tener la autoafirmación fronteriza y la compensación discursiva que significaba el traslado del axis mundi europeo al antártico. Al mismo tiempo, Cornejo Polar reconstruye una historia y una tradición que fortalecen la institución literaria peruana al otorgarle un acercamiento mucho más sólido que el de sus antecesores, a lo Palma o a lo Sánchez, y basado en el ejercicio minucioso de una crítica que parte sobre todo de los propios textos y no de las imaginarias biografías e identificaciones.

Si la mejor crítica literaria es la que logra exhibir la coherencia y el rigor de una nueva lectura, el Estudio y edición de Cornejo Polar es una muestra que revela la precocidad de su autor y su evidente capacidad para enfrentar problemas centrales en la reflexión sobre el origen y el devenir de las identidades colectivas en el área andina. Sus trabajos posteriores sobre el indigenismo, la oralidad y la novela contemporánea, que se alimentarán principalmente del paradigma de la heterogeneidad cultural como condición previa a cualquier proceso de transculturación o hibridación, están de alguna manera anunciados en este primer libro, tanto por el método acucioso del que su autor hace gala como por el reconocimiento lúcido de la importancia del pasado en las urgencias y los cosmopolitismos de hoy. Esperamos, pues, que esta nueva edición sirva tanto a los especialistas del campo llamado "colonial" como a todos aquellos que se interesan en el pensamiento del gran maestro peruano y en el candente debate actual sobre la crítica cultural latinoamericana.

 

 

Cambridge, Massachusetts, agosto del 2000.

 

 

 

 

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