Declinaciones latinas

 

 

 

 

 

(1995-1999)

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

Es fama que entonces el llanto el rostro mojó de las Furias

con el canto vencidas; y ni la cónyuge regia

ni el que rige el abismo pudieron negarse al que hablaba

 

Ovidio

 

 

 

 

 


 

Psalmo post

 

 

Oh Demonio dame la sabiduría para no entender

las oraciones de los cándidos salvajes

Me espantan su confianza en la Idea, sus piquitos

debatiendo el pase final de pelota

Y sus principios exentos de contradicciones

 

Con sus doradas armas gobernarán las cabinas de cintas

y las cajeras de los supermercados

Con sus plateadas cabelleras alumbrarán las pantallas

y en los cuadernos escolares

Evitarán a los hijos de sus siervos

 

Dame Demonio la sabiduría para no pecar

de excesiva confianza, para no esconderme

Cuando avancen sus hordas

y el pino como el abedul se encojan

Y los campos amarillos se inflen de langostas

 

Ya sé que este tonito bíblico apenas si te corresponde

Ten piedad

No hay otro que conozca con la misma certeza

en lances de impaciencia

Y de cordura

 

Hasta aquí no veíamos la densidad de la niebla

Era como vivir mirando hacia el pasado

Sin sentir las lomas heladas que se yerguen

a nuestros pies

Y a nuestras ruedas

 

Hasta aquí todo era permanente:

el Mar de la Tranquilidad, la cintura de Orión

Y el porvenir de un astuto oficio

con sus miserias

Y sus vacilaciones

 

Pero no era posible recordar que la diáspora

más que condición del pasado

Era la carne de la vida entera

a expensas de los profetas

Y sus puntas de lanza celulítica

 

Demonio, una pregunta: dónde encontrar

nuestra senda? Dónde

Correr a lamernos las heridas

mientras horneamos pan y maceramos

Vino?

 

Despáchame un e-mail

adorna mi oficina con un fax

Que como un hongo gigante

obstruya mis oídos

Y haga que sonría complacido

cuando los sienta resollar por los estantes

 

 


 

Canción por Billie Holiday / Blanco de blancos

 

 

El invierno y el infierno se parecen

en una sola cosa:

el hielo pelado que en la punta del día

nos coge de sorpresa y nos mastica.

 

Sin embargo, los senos blanquísimos del valle se levantan

y reina la paz por un momento

entre homínidos y ardillas y coníferas.

La gota es de cristal en el extremo de la rama

y el sol penetra su arco iris

por pastos y quebradas de los montes.

Se lían en el aire los olores

y el humo de una casa en los pezones invita a caminar

con todos los venados y castores

dejándonos rendidos como bebes,

pero ardientes al fin y sonriendo.

 

Al nacer sobre una taza de café me reconozco

simple y mortal como la gota

y como el hombre que a lo lejos me contempla

brillando estrangulado de una rama.

 


 

Himnos nacionales

 

Cuántos jóvenes sacrificados

y aún no calma su hambre el Minotauro

Persio

 

Somos libres,

seámoslo siempre.

Antes niegue sus luces el Sol

que faltemos al voto solemne

que la Patria al Eterno elevó.

 

Largo tiempo el peruano oprimido

la ominosa cadena arrastró,

condenado a una cruel servidumbre,

largo tiempo en silencio gimió;

mas apenas el grito sagrado,

"¡Libertad!", en sus costas se oyó

la indolencia de esclavo sacude,

la humillada cerviz levantó.

Himno Nacional del Perú

 

 

 

I

 

Cuántos jóvenes sacrificados, yo lo recuerdo.

Todavía están dejando su Y sobre la playa

hasta que salta la ola y la disuelve sobre la arena

mezclándola con viejos maderos y con cáscaras

de extrañas piedras pómez y langostas.

 

Es como el mar del Perú, lo traga todo.

Un verano es una casa con dos vacas, algunos cadáveres inflados

esperando la ramita que los pinche para salir volando

como globos de una fiesta ausente.

Otro año pueden ser pedazos de montaña

que han ido cayendo ante los látigos de luz

que asaltan por las noches taladrando los oídos

que nunca más podrán oír lo mismo.

 

Es como la gota

hincando hasta la espina dorsal (el inverso empalamiento de estos tiempos)

una sola línea transparente, saltando alegremente como los caballitos

del parque Pumacahua.

 

Quién no ha sentido esa gota penetrando como un cuarzo

y no ha montado los mismos caballitos, los mismos titulares, los pasos de la casa

al cementerio.

 

Hasta aquí, pase.

El problema empieza cuando nos quedamos solos

mismos Robinson

perdidos en el espacio.

 


 

II

 

Este espacio que habito se llama el Perú.

Limita por el Norte con las auroras boreales

por el Sur con un galeón encallado en el Estrecho

por el Este con océanos de lodo

por el Oeste con el Laberinto.

Va hasta donde va mi pensamiento, como una llave Rosa

que abre las arcas herrumbradas, pero que nos hunde

en una Torre de Babel volteada

a la manera del flan de las abuelas.

Y se le ha cortado la leche,

se le ha endurecido el azúcar.

 

Allá habitan mis semejantes.

Se encuentra lejos en el mundo, en un rincón

que sólo se ilumina cuando le sonríen, como la concha

que goza en su molusco y su molusco la gobierna:

pero nunca gobernaron los moluscos

sino los erizos, se salieron en una marejada

y hasta hoy se encaraman en los arrecifes

cuando sueltan las acequias su descarga.

 

Y se encuentra en el espacio y forma constelaciones

aún no terminadas de nombrar.

 


 

III

 

Y en el flujo de mi flote cuento sus nubes

de las formas más variadas, sólo que desde arriba

no son siluetas de dragones, sino rostros

de danilos y marías

tipeando los ditos con el mismo fervor

cada noche

entre los valles más profundos.

 

Al atardecer en números de doce

salían sin destino alguno, apretando una magnolia en cada mano

desesperadamente decididos a penetrarse en la ciudad.

 

Y esos parques en los que habitábamos

ya no los habitan más,

y esos pasillos en los que conversábamos

han sido renovados con ungüento:

 

serán hoy páramo de las libélulas,

serán los pulmones atorados del ser más querido

sobre una cama de hospital.

 


 

IV

 

Por eso morir es comenzar nuevamente

por el Hijo del Hombre, el que surgió

de las fronteras andrajoso, marcando como huellas de un pirata

los pasos de su cayado y deteniéndose

únicamente en los pueblos más brillantes.

 

Oh mira, caminante bastardo, no es suficiente ya el daño que has hecho

con tu existencia dudosa, tu condición de trickster y tus rayitos

señalando las estaciones y los límites

del día y la noche?

Dicen que saliste del lago, o que de la vagina de una cueva, a estas alturas

quién sabe.

Dicen que lloviste fuego y que empreñaste

con tu verga de pájaro a la reina del baile.

Pero si del viejo cadáver quizá aún salga una esperanza.

Quizá si el mismo pelo.

Quizá las mismas uñas.

Millones se han levantado con tu recuerdo y han dejado su filo dental

en maderones y en cuellos delicados, una por otra, se dijeron

la ominosa cadena los manifiestos más cursis

millones y millones se han levantado con una erección

sin lúcuma y sin sapo, sólo para contemplarte

saltando por los aires como una onda radial.

 

Y desde entonces

sus luces negó el Sol

y suponemos que has de volver

desde el mismo agujero que rompiste.

 


 

V

 

Por eso ya no lustramos el voto solemne, ya que no hay

Eterno. Desde el fondo del Laberinto se escucha el bramar

de las ametralladoras, suspirando como vigilante

del Círculo de los Violentos.

 

Danilos y marías eran de infinitas locetas

que abrazaban el transbordador, dirigiéndose febriles

hacia los labios de la Nebulosa.

Ella era delgada y hermosa, él

flexible como un gato. Subidos a la punta de la barca se explayaban

en recomendaciones para sus padres. Una vez arriba

se interrumpían las comunicaciones,

intercambiaban miradas,

soplaban su última sonrisa

ante el grito más intenso de una estrella.

 

Y nunca emitieron la menor señal de queja,

ni derramaron una lágrima

en la gendarmería.

 


 

VI

 

Todos los jóvenes de mi generación han tenido viajes astrales.

Todos alguna vez han muerto y han vuelto a nacer

hasta que se murieron.

Caparazón de violetas,

se murieron.

Bouquet de basuras,

allí andan.

Los que no se entregaron mansamente

colgaron las togas y ahora se dedican

a hacer el amor como si mañana

tuvieran su pasaje.

 

Y aunque los vuelos no son tan frecuentes

los remolinos siguen y los arrecifes

de pronto se transforman

en la Estatua de la Libertad.

 


 

VII

 

Entonces es que chillan los nevados, las quinientas flores de papa

que nunca comeremos. Por allí, por donde se mutilan

los cerros, en los valles que se deshilachan como un tejido apestoso

salta desde la cumbre un mar dorado, un tiempo

de caballos detenidos, que sólo en la memoria se sostiene

como la punta de una espada.

 

Y los cerros son más grandes porque se ven de cerca

y los desiertos más densos porque en ellos vivimos:

mira cómo se paran sobre los ríos

mira cómo se amarran bajo las nubes, sin dejarnos

más espacio que el subsuelo ni más techo

que los fines de las lluvias.

 

Montañas del Perú, desiertos verticales

de donde bajan los fantasmas.

Quiero volver al país de la infancia,

a la selva torrentosa, acariciarlo

levantando las tortugas de sus playas.

Y en medio de ese folleto turístico

abandonar mi cámara y jalar del tejido una punta

para amarrarme la cintura

ante la entrada.

 


 

VIII

 

Pero el país de la infancia es el país del sueño

y es más tarde de lo que pensaba. Reconozco

apenas unos rostros, los ladrillos

de los muros, quizá

el tonito inconfundible de sus lenguas.

 

Líbrame, caminante, de estos trances. Sólo tú

sabes llegar de cabo a rabo,

escuchar el rugido de las olas, apartarlas

sin que se lleven mis huellas ahumadas, mis cobijas

de piel en que dibujo un mapa.

 

Reconozco que este viaje es implacable.

(Líbrame, caminante, de estos trances).

No sé si llegaré a levantar la cerviz.

Es muy oscuro aquí adentro y hay que tocar el suelo

si uno no quiere perderse.

 

"Pero ya llegas", dice Ariadna.

Y la única espada que recuerdo

es la punta de un cerro desbancado.

 


 

IX

 

Por eso cuántos jóvenes hubieran querido ver como yo

los antiguos caminos nuevamente empedrados, una patria limpia

sacudiendo su indolencia de esclavo, entre las piernas.

Estos son los muchachos y muchachas con los que me cruzo

por las paredes de la tierra, y siempre nos preguntamos por el mismo parque,

sus venas hinchadas, sus miembros cóncavos y convexos

y su inmensa altura diminuta en el infinito.

 

Imaginar la casa llega a ser como despertarse

sonámbulamente y recorrerla, de Este a Oeste,

con los hombros lastimados, las orejas rotas, y los labios

pronunciando las palabras más hermosas

en una lengua oculta.

 

Sácame, por eso, la lengüita, Ariadna mía, búrlate

de mí y hazme besar el suelo.

Me comunico contigo por canales irregulares, me sonríes

y somos un punto diminuto en el infinito

allí donde el infinito es el cansancio

cada día

atravesando los cretinos muros

de la patria mía.

 


 

X

 

Sacudamos nuestra indolencia de esclavos, dejemos que se prolongue

hasta entrar mansamente el uno en el otro, tú con tu insolencia de hada

yo con mi vara dorada depositando su lágrima de sol

en el monte de los sacrificios.

 

Para que los valles y las estaciones se refresquen

deja que chanque las piedras y me embriague

como un danzante enfermo.

 

(Y cada madrugada me estremezco

pensando en torear al Minotauro

antes de que termine de tragarme).

 

Gimamos en silencio, amada mía, sacudamos

la ominosa cadena y los zapatos.

Allí donde se regeneran las especies, bajo los caparazones

que esquivan los erizos

sólo seremos libres tomados de la mano, sólo caminaremos

sin miedo a ser seguidos, sin pequeños

agujeros que nos muerdan.

 

(A las tres de la mañana un viento oscuro

nos transporta al aeropuerto.

Querrán que quedemos suspendidos, que volemos

para siempre, que olvidemos.

Y a pesar de la espina que nos cruza

hay un cordón extenso que nos ata a la salida, hay un tejido

tan viejo como su huaca que nos recompone

igual que la aspirina al día siguiente).

 

Para que no volemos solos, alazana,

para que nunca nos perdamos,

mismos Robinson,

ordenemos el paisaje de Este a Oeste,

dejemos nuestra Y sobre la playa

nuevamente, hasta que ya no salte la ola, hasta que ya no niegue

sus luces el Sol, y entonces

saldremos a habitar todos los parques, parlaremos

en lenguas infinitas, de la mano.

 

Para que nunca nos falte la semilla,

para que el grito sagrado se disperse,

cojamos a la Bestia de los cachos,

regimamos en silencio

con los hombres y mujeres de estos valles

y por todos los ojos escarbando!

 


 

Exilios dos poetas

 

These are the days that must happen to you:

You shall not heap up what is call'd riches,

You shall scatter with lavish hand all that you earn or achieve,

You but arrive at the city to which you were destin'd, you hardly settle yourself to satisfaction before you are call'd by an irresistible call to depart.

Whitman

 

 

I. Cernuda en Mount Holyoke

 

A aquel que te enseñara adónde y cómo crece:

Gracias por la rosa del mundo.

Para el poeta hallarla es lo bastante,

E inútil el renombre u olvido de su obra.

 

Una vida vicaria, alguna vez dijiste.

Habrá sido duro atravesar los bosques sin fijarse en las muchachas rojas, avanzar

entre las puertas buscando la calefacción

de la mañana, y sin embargo

porfiado el anhelo

de cerrar los libros esperando que en la última página se abriera un capítulo distinto.

 

Porfiado Luis, te repetías,

mientras rumiabas una patria en ruinas, amigos en el manicomio o simplemente muertos

que trepan por los pinos con sus colas acolchadas

aliviando los pasillos rozagantes, sin amor

de especie alguna

-salvo la cortesía, si amor se le puede llamar-

para tus alas de ceniza.

 

(Una tarde que paseabas por la biblioteca

al despedir el brillo fugaz del otoño en los cristales

una imagen de marino apabulló tus ojos

rodeados de sal

sentiste las olas de Cádiz sobre las mejillas, aire fresco

y el crujir de las hojas como el de las piedras con huesos de cangrejo:

alejándose en el horizonte

una columna de humo señalaba el rumbo

que tomaste, sin pedirlo).

 

Habrá sido duro encontrarse con los jóvenes bañándose en el río

y no sentirse herido como el ciervo que corre por agua

y finalmente no alcanza, no respira

sino para escuchar los perros que se acercan

con ojos de burla y espanto.

 

Pero para el poeta

hallarla es lo bastante.

 

 

II. Interdicciones con el Inca

 

Qué extrañeza al conocer a los marqueses, tus tíos,

sintiendo de veras el desdén que se les dedica

a los de tu calaña, mala sombra, diciendo,

de unos aventureros de rapiña, alturados

sin mayor lustre, retoños en indias promiscuas, que ahora llegan

a reclamar dudosos heroísmos.

 

Allí y sólo allí

te encontraste de pronto ante el espejo, hijo de reyes y de los mayores poetas

reducido al polvo de forjarse una honra con el brazo, hasta que el brazo

se resolvió en una fina extremidad

que fue más poderosa que todas las macanas

y alabardas, el vuelo de la mano con la inteligencia

del halcón, el sonido de los precipicios

como un animal de plata

y un puente que se desteje en la memoria

y que comienzas a trenzar iluminado

por el triángulo perfecto del Salqántay.

 

"Y así me llamo yo a boca llena, y me honro con ello", decidiste

y fue como salir de las tres cuevas, aliviado

de unos dolores de costado, de unos paños

que llegaban por el mar

en medio de botellas, pesando sobre tu cama

como los crucifijos que te perseguían, noche a noche, alucinando

el encuentro con los primos, condiscípulos, abuelos

y la sabiduría de esperar al Sol en los solsticios, celebrando

juntos el paso de las estaciones, tal como se figuraban

tus autores favoritos. ¿Dónde empezó la realidad? ¿Creaste todo o todo

fue así como te lo contaron, destilando el batallar de las olas sobre las conchas

como el mar que se enloquece para lamer la costa, o la palabra

que soporta los estantes del Imperio?

 

Villorrio de Montilla. Verano de 1571. Ya de vuelta

rasguñas unos libros con la pluma

adiestrándola

a dirigirse como el rayo sobre el árbol preciso, a ordenar

una por una las naciones, los refranes

y los versos que cuentan el origen de la lluvia

y "sus idolatrías", que por eso

muestran más limpio su rastro de felino, y su esperanza

que se reparte como plumas de los cóndores,

en pérfido arco iris

uniendo al noble padre con la madre silenciosa.

 

Hatun Qusqu, Ancha Llaqta, Sumaq Llaqta, un centro colorido o, como expresabas,

otra Roma en su Imperio, para que te entendieran

los que confiaban en la majestad de tus palabras,

único territorio con el que te compensaron

una vida de servicio y la feroz humillación

de que vendieran a tu madre y con tu madre

toda la grandeza de los Incas.

 

"Así me incliné a vindicar los nombres mancillados

desde estos rincones de soledad

y de pobreza, martilleando

como los pájaros guaneros otro Imperio, contemplando

cómo un rebaño de llamas

en campos de zafiro pace estrellas".

 


 

Declinaciones latinas

 

Allons! We must not stop here

However sweet these laid-up stores, however convenient this dwelling we cannot remain here,

However shelter'd this port and however calm these waters we must not anchor here,

However welcome the hospitality that surrounds us we are permitted to receive it but a little while.

Whitman

 

Porque escribí estoy vivo.

Lihn

 

 

I

 

Lejanos croac los graznidos croac a los 33 mil pies de altura.

La azafata deslumbra con sus ojos de mandrágora

y colgando de la ventanilla lo que vemos no son lagos

sino sombras

y no sombras, sino cuerpos

que atajan el paseo de las nubes y rehacen

las fuentes derruidas y los techos de cascajo:

 

el arte de la memoria canta entonces

uniendo los retazos de unos círculos dispersos,

portavasos invadidos por la espuma de la playa

cuando quedan escupiendo sus burbujas los muy-muy

y nuestra piel color de asbesto apenas brilla:

 

"Sobre esas mandíbulas batientes )dijo Yack(

la esfera de la Luna

permite vislumbrar los ocho círculos que anuncian

la claridad del Universo, la Armonía

que abate los sentidos dulcemente:

un pacto de hamburguesas y unos tragos

permitirán calmar la calma chicha, nos darán

la indolente pelota que se pierde

entre las dunas de durazno

y un enano rodante anunciará:

 

Neptuno frondoso que llegas de los aires:

nadie dijo

que te sería fácil, que las aguas

habrían de ensancharse bajo el mástil

ni que las más bellas doncellas buscarían liberarte

con sus trenzas.

Por eso cómprame estos dados y te muestro los caminos

que habrán de llevarte hacia el Único

que puede abarrotar tus faldriqueras

con pergaminos de raso, y tus ensueños

con páramos marciales de pelambre.

Así,

el enano se relame en la vereda

como un camarón cojo

y sabes que de pronto el Sol se olvida

de cualquier precaución:

Ven pronto )siguió Yack(

antes de que nos busquen por la orilla

y sea demasiado tarde

para seguir saltando entre las ninfas...".

 


 

II

 

With a banjo in my lips

and an arrow in my tongue

voy deslizándome

debajo de los sabios cocoteros, Y

 

cuando se encuentran dos corrientes

que el ímpetu veloz de los raudales

forma de espumas, sobre espumas puentes,

represando cristales con cristales:

cuyo flujo con menguantes, y crecientes

vacila entre las olas desiguales,

porque unas de otras rebalsadas

cejan contra su curso, rechazadas,

 

me detengo:

la floración del Señor ha aparecido

en forma de cavidad craneana

por la que el humo transparente de la noche

sube como la yedra y sus abrazos

y escucha conmovida las cadencias

del agua que estaciona su Universo

detrás de las pestañas más arqueadas:

un río luminoso cerca el aire

o es la venganza del Primer Amor, el acto de locura requerido

al adentrarse en esa gota que descuelga

dentro del saco de los dientes

más brillantes:

pujan caballos por salir al parque

chillan neblíes por cortar correas

pues a la Naturaleza es cruel agravio

preferir lo ideado a lo viviente

)y Yack no mira(

hundido en una lata de cerveza, las sirenas

aauúuaan lejanas

como pájaros de un bosque tropical:

 

es la mitad de lo que hablamos una lengua

que nos confina hasta la gota detenida:

 

su pedazo de Luna imita a la Luna

y el Pez vuela más lejos de su esfera

sus alas son aletas de delicia sus agallas

tanques de oxígeno espacial:

y es Ella la que Uva lo desdice

y éstas en un festín voces le dice:

"depón todo contacto con la tierra;

sigue al amor, logra el sosiego, aléjate

del bárbaro naufragio:

del agua al aire el nacimiento espera

y es gota la que anhelas y circula

y es gota la que bebes

y eyaculas".

 


 

III

 

La fragancia de las calles se levanta

como el clarín de Berlín:

wipe your shit, man

y olvidas tu bocado shakesperiano, los vecinos

mudos se acercan arrastrándose

con ganas de mirar al extranjero:

patos rellenos y mantas de colores

y fúlgidos collares y afiladas

lanzas a cambio de unos pálidos

poemas en las costas de Palm Beach:

la arena más dorada en el crepúsculo

vuelta un supremo soberano techo

de las estrellas se levanta, y va pintando

constelaciones terrenales escoltadas

por cáscaras y puchos, río limpio, río de cerezas, no

en esta retahíla de centuria:

la fiesta de Mercurio se organiza

con los susurros de la Euterpe, en el rincón

más escondido de la discoteca. Fuimos libres:

seámoslo ahora

y antes y después de los daiquiris:

 

los muchachos pelados danzan tristes

frente a las nalgas refulgentes

y la Serpiente de las Dos Cabezas

hunde su pelambre entre las aguas

y de pronto nos estacionamos

sobre las avenidas fluorescentes

y su calma inconmovible:

sin blanco que apuntar

la flecha entre los labios

es un cuadrito en un rincón del MOMA.

 

Pero las embajadas continúan

y así el Troyano es recibido entre cojines.

 


 

IV

 

"Yo no quise llegar hasta este extremo, yo no quise

sino sólo elevarme por el aire

dejando para atrás los escribanos, y los puercos

y los palos encendidos de la hoguera:

hacia el otro hemisferio

me empujaron, sin más chiste

que una pluma colgando entre las piernas, y unos dados

con los cuales destejer el Vaticinio".

 

Así al Viajero la virtud desquicia

y es centro de una esfera renovada, suma

de polvo convertirse en sal, si un soberano imperio engasta

sus intersticios con diamantes congelados, y lo enjoya

de complacencia de los mares encontrados

bajo la calefacción, lo viste

de un círculo de fuego donde nada se parece

al Círculo de Fuego de la Infancia, y es el vínculo fatal de la memoria

el que le pisa el peso y lo contiene

bajo una cámara de gas

y de nostalgia.

 

Olvidar, olvidar, hundir el ceño

en las fuentes cristalinas, aspirar

a elevarse sin remedio, entre doncellas:

 

Eneas resolvió llevar a su padre cargado,

pero en Cartago se detuvo

y tuvo amores
y festines.

 


 

V

 

It's time for a little chat

with Venus the voluptuous and misterious

beginning on a sensitive hard cover

and ending on the roughest sheet of roses.

 

Yack el Mastilero no consiente en semejante

delirio, si bien las rosas han sido de su agrado

y los jamones, y los vinos, pero ser

el concubino de una diosa encarnada

no acusa hacia la Fama mayor lumbre, no conviene

si enfrente se insinúan las estelas, y las naves

son bestias de madera que insultan la bahía:

 

"Un nuevo reino nos espera, si acaso

habemos de fundar algún designio:

 

ardía la Ciudad entre las bombas

y trozos de piel alfombraban el periódico:

conminar los pecados primitivos, la ausencia de ofrendas, los bueyes

de más que se guardaron de la pira, porque la hambruna corría

como una chiquilla loca, y era imposible dedicarse al Templo:

sólo retazos de memoria que en sí mismos no bastan, pues

los huesos en punta y los besos reventados, los autos

dispersos en la ruta de un satélite

eran de sobra para quebrar las puertas

del Aqllawasi, hacer que el Sol

se revolviera en el solsticio

como un trompo cansado, dejando su raya chillante

sobre los ojos de los habitantes: pero ahora

mírame así, en medio de estas túnicas, mostrando las sandalias

gastadas de correr sobre las olas.

 

Si tanto hemos perdido

ya no podemos renunciar a la esperanza...".

 

Pero una chispa se aproxima, y no es la Ninfa

sino sus perúvicos remedos, que inventan una música serena:

 

"Olvídate de todo, te hemos dicho, cómete

una chita a la piedra, y guárdate la espada. Nadie piensa

ahora en estas cosas, todo el mundo se aviva recordando

los años infelices, y un cúmulo de pueblos encontrados,

que aunque no formen

una nación moderna, eso no los hace imperfectos,

al contrario,

se trata de tomar del mejor de ellos

la posibilidad de ser felices.

Los profetas nos vienen prometiendo

enormes cantidades de laureles

si acá nos quedamos, si nos comportamos

tejiendo suavemente las amarras a las velas.

No te muevas, no te dinamices, nada vale

más lejos de este limbo congelado por la Pena...".

 

Pero cubriéndose con cera los oídos

zarpó el conquistador

surcando los moluscos de las calles.

 


 

VI

 

Y difícil encontrar entre estos almacenes

aromas de lisura y flores de canela:

 

son las bocas de Escila multiformes

como su aliento sutil, y enciende los ojos cuando intenta

salir sin la tarjeta el visitante:

 

su nombre es Corporatio, y sólo escucha

el chinchín rozagante de sus alas.

Sus esclavos se cuentan por millares, tiene nervios

en cada fibroma, y un dedo de los suyos borra mapas

mientras descansan a sus plantas

las nubias más hermosas.

 

He aquí que las olas montañosas, y los cerros más tragones, y los pastos

sembrados como púas por los que cruzamos

son sólo una advertencia generosa. Jamás habíamos visto

praderas de carbón en rostros limpios, proyectores

que nada click que nada dejan ver, sino los bordes de aluminio

del único atajo en el abismo.

 

Alejada la playa de la sombra,

confundidos en el alba los paseantes,

es hora de hacer compras, lejos de las necesidades

inmediatas:

un grupo de señoras habla de las elecciones

como si se tratara del último perfume

y en una época sin héroes, difícil encontrar poesía heroica

porque el único aire que nos mueve

es el que nos distancia de la Luna, la que vimos

desde la noche primera reflejada

sobre la arena besuqueada por la espuma, y que nos dijo

"dejad toda esperanza, los que se me acerquen,

porque mi reino, si bien no lo parece, es de este mundo

más que de ninguno: de la tierra y del agua me conformo

en mi primera Idea, como una redonda montaña

que por fuerza de los astros subí atónita

juntándome con ellos en la esfera, y desde entonces

los hombres y los zorros me desean...".

 

Y las señoras pasean

sus castaños y teñidos soberanos

orificios

por los pasillos del supermercado.

 


 

VII

 

Ante la imagen de este desengaño

cómo no obrar subido en la cabina

mientras los ojos de mandrágora succionan la memoria

porque se acercan a la Esfera

donde no existen los conflictos ni la gloria

sino la clara conjunción de formas

en la fusión de los más finos elementos:

 

las imágenes que teje la memoria

son los avisos luminosos de la factoría, apenas divisables

bajo el aliento salitroso de la usina.

 

La Ciudad de los Tres Ríos se levanta exhalando

una mansísima neblina en sus colinas, son sus habitantes

sonrientes y rosados, como copos de algodón azucarado, y sin embargo

olvidadizos, pues un solo fruto jugoso me dejó su aroma

y el resto se escapó por las rendijas:

 

en sus muslos supremos conocí

el dilema de la resurrección, la savia acalorada

que baja tras el corte del machete, y se revuelve

con las semillas secas que el viento ha deslizado

amablemente sobre la hojarasca:

 

desde esa terracilla se apreciaba

correr el río gordo y dar su vuelta

sin ninguna canoa ni flechero, ningún sacerdote séneka

ni fogatas alfombradas de cantares, oh tiempo perdido y a la espera

del impacto primero del extrañamiento, saber

que las naves hundidas

sólo serían habitadas por fantasmas, aquellos que quedaron en la horrible

ciudad de las cosechas devastadas:

 

la Ciudad de la Concha de Abanico

perdida tras las islas guaneras, en el lugar más infestado de piratas

sorteando los tornados de la Mar del Sur.

 

Esas naves perdidas, esos aeropuertos

y esas calles pestilentes son mis venas:

 

su aire no se mezcla con el aire

atravesado de agujas de aluminio, de aliento salitroso,

y por eso envejezco

como la bestia del zoológico de Highland Park:

 

acusando con los ojos rojos

la pálida belleza de los niños.

 


 

VIII

 

Pero la única barca es el poema

y apenas hace falta inspiración: lo que se necesita

es un mapa secreto, frente a infinitos fondos tipográficos:

pero no hacia los muros de la patria

en ruinas

que requieren de un nuevo profeta, una canícula radiante:

todo eso

no produce poesía, sino la dispersión, y es ella

la que hace brotar entre los poros poesía:

 

sólo de las infancias

surge la urgencia del rechazo, porque los tiempos

ya nada ofrecen para celebrar.

 

"Pero si piensas así )dice Yack( por qué no te dedicas

a labores menos comprometedoras?

Es muy fácil adquirir conocimiento

asumiendo la densidad de la nada, que es lo que a todo el mundo aloca

como la raya intermitente de la computadora, a partir de la cual

todo se puede escribir, siempre que sea en alfabeto latino, y allí viene

tu problema: que no hay alfabeto latino

que valga de nada, si no hay ruta

que seguir, poetas en miríadas han pasado por esta misma jaula, como si se tratara

de una rutina en el gimnasio,

cuando lo que se necesita

son ejercicios de otro tipo, especialmente

empezar a alucinar en la belleza

de las tierras más desconocidas:

 

olerás Pocahontas como flores

de los campos de abril, y harás que te gocen

a cambio de dejar eliminados

tu saquito de huesos, tus pepitas de guano, que te quitan

espacio para carnes vivas.

El poeta viajero se convierte

muy fácilmente en buitre, como el buitre

que queda en la patria lejana

royendo sus imágenes festivas.

Abrir los ojos y dejar que fluyan

nuevas piernas y sonidos, nuevas consideraciones

nunca esperadas ni con el advenimiento

de los dientes amarillos, de las acumulaciones

lentas pero seguras de colesterol:

 

encerrados en el mismo agujero

de las murallas de adobe, los buitres

son un producto natural de la supervivencia.

 

Y se conceden doctorados envidiables

en la ciencia triunfante

de la buitrología...".

 


 

IX

 

Es de la noche el mediodía, cuando

en posesión tranquila de ambos mundos

los astros en sus globos, dominando

con celosos desvelos,

rondan las calles de los cielos

con ministros lucientes

prendiendo las estrellas delincuentes:

cuando los altos fuegos, que blasonan

ser fuente en sus esferas,

el cielo como espléndidas lumbreras

con sacra amenidad coronan;

y las estrellas, limpios ojos

que el rostro de los cielos hermosean,

con resplandores blandamente rojos

por no rendirse al sueño, pestañean.

 

Se hace la luz en la tiniebla

y la paloma nervuda se asegura

la aromática ramita que le indica tierra

sin saber dónde, porque cada sombra

es un presentimiento de hermosura

o una soledad que aterra:

 

hay algas en las ondas, hay holgura

y casi es imposible adivinar

si las luces en el agua son las luces, o los peces

del cielo son los peces

que danzan lentamente la venida de la nave

y enlazan con dulzura los arneses.

 

Y en la calma interminable de la niebla

el único poema se disuelve

mordiéndose la cola hasta la aurora.

 


 

X

 

Y en el poema las únicas plumas

son las del águila canora en su caída:

no herrajes adornados por el polvo, no costuras

de sangre en los costados, apenas un silbido declinado

que baila sobre el viento y nos sostiene

muy lejos de remansos y epitafios:

 

el poema como el aeroplano

encima de las moscas, pero aún

debajo de la Luna.