(1995-1999)
Es fama que entonces el llanto el rostro mojó de las Furias
con el canto vencidas; y ni la cónyuge regia
ni el que rige el abismo pudieron negarse al que hablaba
Ovidio
Psalmo post
Oh Demonio dame la sabiduría para no entender
las oraciones de los cándidos salvajes
Me espantan su confianza en la Idea, sus piquitos
debatiendo el pase final de pelota
Y sus principios exentos de contradicciones
Con sus doradas armas gobernarán las cabinas de cintas
y las cajeras de los supermercados
Con sus plateadas cabelleras alumbrarán las pantallas
y en los cuadernos escolares
Evitarán a los hijos de sus siervos
Dame Demonio la sabiduría para no pecar
de excesiva confianza, para no esconderme
Cuando avancen sus hordas
y el pino como el abedul se encojan
Y los campos amarillos se inflen de langostas
Ya sé que este tonito bíblico apenas si te corresponde
Ten piedad
No hay otro que conozca con la misma certeza
en lances de impaciencia
Y de cordura
Hasta aquí no veíamos la densidad de la niebla
Era como vivir mirando hacia el pasado
Sin sentir las lomas heladas que se yerguen
a nuestros pies
Y a nuestras ruedas
Hasta aquí todo era permanente:
el Mar de la Tranquilidad, la cintura de Orión
Y el porvenir de un astuto oficio
con sus miserias
Y sus vacilaciones
Pero no era posible recordar que la diáspora
más que condición del pasado
Era la carne de la vida entera
a expensas de los profetas
Y sus puntas de lanza celulítica
Demonio, una pregunta: dónde encontrar
nuestra senda? Dónde
Correr a lamernos las heridas
mientras horneamos pan y maceramos
Vino?
Despáchame un e-mail
adorna mi oficina con un fax
Que como un hongo gigante
obstruya mis oídos
Y haga que sonría complacido
cuando los sienta resollar por los estantes
Canción por Billie Holiday / Blanco de blancos
El invierno y el infierno se parecen
en una sola cosa:
el hielo pelado que en la punta del día
nos coge de sorpresa y nos mastica.
Sin embargo, los senos blanquísimos del valle se levantan
y reina la paz por un momento
entre homínidos y ardillas y coníferas.
La gota es de cristal en el extremo de la rama
y el sol penetra su arco iris
por pastos y quebradas de los montes.
Se lían en el aire los olores
y el humo de una casa en los pezones invita a caminar
con todos los venados y castores
dejándonos rendidos como bebes,
pero ardientes al fin y sonriendo.
Al nacer sobre una taza de café me reconozco
simple y mortal como la gota
y como el hombre que a lo lejos me contempla
brillando estrangulado de una rama.
Himnos nacionales
Cuántos jóvenes sacrificadosy aún no calma su hambre el Minotauro
Persio
Somos libres,seámoslo siempre.
Antes niegue sus luces el Sol
que faltemos al voto solemne
que la Patria al Eterno elevó.
Largo tiempo el peruano oprimido
la ominosa cadena arrastró,
condenado a una cruel servidumbre,
largo tiempo en silencio gimió;
mas apenas el grito sagrado,
"¡Libertad!", en sus costas se oyó
la indolencia de esclavo sacude,
la humillada cerviz levantó.
Himno Nacional del Perú
Cuántos jóvenes sacrificados, yo lo recuerdo.
Todavía están dejando su Y sobre la playa
hasta que salta la ola y la disuelve sobre la arena
mezclándola con viejos maderos y con cáscaras
de extrañas piedras pómez y langostas.
Es como el mar del Perú, lo traga todo.
Un verano es una casa con dos vacas, algunos cadáveres inflados
esperando la ramita que los pinche para salir volando
como globos de una fiesta ausente.
Otro año pueden ser pedazos de montaña
que han ido cayendo ante los látigos de luz
que asaltan por las noches taladrando los oídos
que nunca más podrán oír lo mismo.
Es como la gota
hincando hasta la espina dorsal (el inverso empalamiento de estos tiempos)
una sola línea transparente, saltando alegremente como los caballitos
del parque Pumacahua.
Quién no ha sentido esa gota penetrando como un cuarzo
y no ha montado los mismos caballitos, los mismos titulares, los pasos de la casa
al cementerio.
Hasta aquí, pase.
El problema empieza cuando nos quedamos solos
mismos Robinson
perdidos en el espacio.
Este espacio que habito se llama el Perú.
Limita por el Norte con las auroras boreales
por el Sur con un galeón encallado en el Estrecho
por el Este con océanos de lodo
por el Oeste con el Laberinto.
Va hasta donde va mi pensamiento, como una llave Rosa
que abre las arcas herrumbradas, pero que nos hunde
en una Torre de Babel volteada
a la manera del flan de las abuelas.
Y se le ha cortado la leche,
se le ha endurecido el azúcar.
Allá habitan mis semejantes.
Se encuentra lejos en el mundo, en un rincón
que sólo se ilumina cuando le sonríen, como la concha
que goza en su molusco y su molusco la gobierna:
pero nunca gobernaron los moluscos
sino los erizos, se salieron en una marejada
y hasta hoy se encaraman en los arrecifes
cuando sueltan las acequias su descarga.
Y se encuentra en el espacio y forma constelaciones
aún no terminadas de nombrar.
Y en el flujo de mi flote cuento sus nubes
de las formas más variadas, sólo que desde arriba
no son siluetas de dragones, sino rostros
de danilos y marías
tipeando los ditos con el mismo fervor
cada noche
entre los valles más profundos.
Al atardecer en números de doce
salían sin destino alguno, apretando una magnolia en cada mano
desesperadamente decididos a penetrarse en la ciudad.
Y esos parques en los que habitábamos
ya no los habitan más,
y esos pasillos en los que conversábamos
han sido renovados con ungüento:
serán hoy páramo de las libélulas,
serán los pulmones atorados del ser más querido
sobre una cama de hospital.
Por eso morir es comenzar nuevamente
por el Hijo del Hombre, el que surgió
de las fronteras andrajoso, marcando como huellas de un pirata
los pasos de su cayado y deteniéndose
únicamente en los pueblos más brillantes.
Oh mira, caminante bastardo, no es suficiente ya el daño que has hecho
con tu existencia dudosa, tu condición de trickster y tus rayitos
señalando las estaciones y los límites
del día y la noche?
Dicen que saliste del lago, o que de la vagina de una cueva, a estas alturas
quién sabe.
Dicen que lloviste fuego y que empreñaste
con tu verga de pájaro a la reina del baile.
Pero si del viejo cadáver quizá aún salga una esperanza.
Quizá si el mismo pelo.
Quizá las mismas uñas.
Millones se han levantado con tu recuerdo y han dejado su filo dental
en maderones y en cuellos delicados, una por otra, se dijeron
la ominosa cadena los manifiestos más cursis
millones y millones se han levantado con una erección
sin lúcuma y sin sapo, sólo para contemplarte
saltando por los aires como una onda radial.
Y desde entonces
sus luces negó el Sol
y suponemos que has de volver
desde el mismo agujero que rompiste.
Por eso ya no lustramos el voto solemne, ya que no hay
Eterno. Desde el fondo del Laberinto se escucha el bramar
de las ametralladoras, suspirando como vigilante
del Círculo de los Violentos.
Danilos y marías eran de infinitas locetas
que abrazaban el transbordador, dirigiéndose febriles
hacia los labios de la Nebulosa.
Ella era delgada y hermosa, él
flexible como un gato. Subidos a la punta de la barca se explayaban
en recomendaciones para sus padres. Una vez arriba
se interrumpían las comunicaciones,
intercambiaban miradas,
soplaban su última sonrisa
ante el grito más intenso de una estrella.
Y nunca emitieron la menor señal de queja,
ni derramaron una lágrima
en la gendarmería.
Todos los jóvenes de mi generación han tenido viajes astrales.
Todos alguna vez han muerto y han vuelto a nacer
hasta que se murieron.
Caparazón de violetas,
se murieron.
Bouquet de basuras,
allí andan.
Los que no se entregaron mansamente
colgaron las togas y ahora se dedican
a hacer el amor como si mañana
tuvieran su pasaje.
Y aunque los vuelos no son tan frecuentes
los remolinos siguen y los arrecifes
de pronto se transforman
en la Estatua de la Libertad.
Entonces es que chillan los nevados, las quinientas flores de papa
que nunca comeremos. Por allí, por donde se mutilan
los cerros, en los valles que se deshilachan como un tejido apestoso
salta desde la cumbre un mar dorado, un tiempo
de caballos detenidos, que sólo en la memoria se sostiene
como la punta de una espada.
Y los cerros son más grandes porque se ven de cerca
y los desiertos más densos porque en ellos vivimos:
mira cómo se paran sobre los ríos
mira cómo se amarran bajo las nubes, sin dejarnos
más espacio que el subsuelo ni más techo
que los fines de las lluvias.
Montañas del Perú, desiertos verticales
de donde bajan los fantasmas.
Quiero volver al país de la infancia,
a la selva torrentosa, acariciarlo
levantando las tortugas de sus playas.
Y en medio de ese folleto turístico
abandonar mi cámara y jalar del tejido una punta
para amarrarme la cintura
ante la entrada.
Pero el país de la infancia es el país del sueño
y es más tarde de lo que pensaba. Reconozco
apenas unos rostros, los ladrillos
de los muros, quizá
el tonito inconfundible de sus lenguas.
Líbrame, caminante, de estos trances. Sólo tú
sabes llegar de cabo a rabo,
escuchar el rugido de las olas, apartarlas
sin que se lleven mis huellas ahumadas, mis cobijas
de piel en que dibujo un mapa.
Reconozco que este viaje es implacable.
(Líbrame, caminante, de estos trances).
No sé si llegaré a levantar la cerviz.
Es muy oscuro aquí adentro y hay que tocar el suelo
si uno no quiere perderse.
"Pero ya llegas", dice Ariadna.
Y la única espada que recuerdo
es la punta de un cerro desbancado.
Por eso cuántos jóvenes hubieran querido ver como yo
los antiguos caminos nuevamente empedrados, una patria limpia
sacudiendo su indolencia de esclavo, entre las piernas.
Estos son los muchachos y muchachas con los que me cruzo
por las paredes de la tierra, y siempre nos preguntamos por el mismo parque,
sus venas hinchadas, sus miembros cóncavos y convexos
y su inmensa altura diminuta en el infinito.
Imaginar la casa llega a ser como despertarse
sonámbulamente y recorrerla, de Este a Oeste,
con los hombros lastimados, las orejas rotas, y los labios
pronunciando las palabras más hermosas
en una lengua oculta.
Sácame, por eso, la lengüita, Ariadna mía, búrlate
de mí y hazme besar el suelo.
Me comunico contigo por canales irregulares, me sonríes
y somos un punto diminuto en el infinito
allí donde el infinito es el cansancio
cada día
atravesando los cretinos muros
de la patria mía.
Sacudamos nuestra indolencia de esclavos, dejemos que se prolongue
hasta entrar mansamente el uno en el otro, tú con tu insolencia de hada
yo con mi vara dorada depositando su lágrima de sol
en el monte de los sacrificios.
Para que los valles y las estaciones se refresquen
deja que chanque las piedras y me embriague
como un danzante enfermo.
(Y cada madrugada me estremezco
pensando en torear al Minotauro
antes de que termine de tragarme).
Gimamos en silencio, amada mía, sacudamos
la ominosa cadena y los zapatos.
Allí donde se regeneran las especies, bajo los caparazones
que esquivan los erizos
sólo seremos libres tomados de la mano, sólo caminaremos
sin miedo a ser seguidos, sin pequeños
agujeros que nos muerdan.
(A las tres de la mañana un viento oscuro
nos transporta al aeropuerto.
Querrán que quedemos suspendidos, que volemos
para siempre, que olvidemos.
Y a pesar de la espina que nos cruza
hay un cordón extenso que nos ata a la salida, hay un tejido
tan viejo como su huaca que nos recompone
igual que la aspirina al día siguiente).
Para que no volemos solos, alazana,
para que nunca nos perdamos,
mismos Robinson,
ordenemos el paisaje de Este a Oeste,
dejemos nuestra Y sobre la playa
nuevamente, hasta que ya no salte la ola, hasta que ya no niegue
sus luces el Sol, y entonces
saldremos a habitar todos los parques, parlaremos
en lenguas infinitas, de la mano.
Para que nunca nos falte la semilla,
para que el grito sagrado se disperse,
cojamos a la Bestia de los cachos,
regimamos en silencio
con los hombres y mujeres de estos valles
y por todos los ojos escarbando!
Exilios dos poetas
These are the days that must happen to you:You shall not heap up what is call'd riches,
You shall scatter with lavish hand all that you earn or achieve,
You but arrive at the city to which you were destin'd, you hardly settle yourself to satisfaction before you are call'd by an irresistible call to depart.
Whitman
I. Cernuda en Mount Holyoke
A aquel que te enseñara adónde y cómo crece:Gracias por la rosa del mundo.
Para el poeta hallarla es lo bastante,
E inútil el renombre u olvido de su obra.
Una vida vicaria, alguna vez dijiste.
Habrá sido duro atravesar los bosques sin fijarse en las muchachas rojas, avanzar
entre las puertas buscando la calefacción
de la mañana, y sin embargo
porfiado el anhelo
de cerrar los libros esperando que en la última página se abriera un capítulo distinto.
Porfiado Luis, te repetías,
mientras rumiabas una patria en ruinas, amigos en el manicomio o simplemente muertos
que trepan por los pinos con sus colas acolchadas
aliviando los pasillos rozagantes, sin amor
de especie alguna
-salvo la cortesía, si amor se le puede llamar-
para tus alas de ceniza.
(Una tarde que paseabas por la biblioteca
al despedir el brillo fugaz del otoño en los cristales
una imagen de marino apabulló tus ojos
rodeados de sal
sentiste las olas de Cádiz sobre las mejillas, aire fresco
y el crujir de las hojas como el de las piedras con huesos de cangrejo:
alejándose en el horizonte
una columna de humo señalaba el rumbo
que tomaste, sin pedirlo).
Habrá sido duro encontrarse con los jóvenes bañándose en el río
y no sentirse herido como el ciervo que corre por agua
y finalmente no alcanza, no respira
sino para escuchar los perros que se acercan
con ojos de burla y espanto.
Pero para el poeta
hallarla es lo bastante.
II. Interdicciones con el Inca
Qué extrañeza al conocer a los marqueses, tus tíos,
sintiendo de veras el desdén que se les dedica
a los de tu calaña, mala sombra, diciendo,
de unos aventureros de rapiña, alturados
sin mayor lustre, retoños en indias promiscuas, que ahora llegan
a reclamar dudosos heroísmos.
Allí y sólo allí
te encontraste de pronto ante el espejo, hijo de reyes y de los mayores poetas
reducido al polvo de forjarse una honra con el brazo, hasta que el brazo
se resolvió en una fina extremidad
que fue más poderosa que todas las macanas
y alabardas, el vuelo de la mano con la inteligencia
del halcón, el sonido de los precipicios
como un animal de plata
y un puente que se desteje en la memoria
y que comienzas a trenzar iluminado
por el triángulo perfecto del Salqántay.
"Y así me llamo yo a boca llena, y me honro con ello", decidiste
y fue como salir de las tres cuevas, aliviado
de unos dolores de costado, de unos paños
que llegaban por el mar
en medio de botellas, pesando sobre tu cama
como los crucifijos que te perseguían, noche a noche, alucinando
el encuentro con los primos, condiscípulos, abuelos
y la sabiduría de esperar al Sol en los solsticios, celebrando
juntos el paso de las estaciones, tal como se figuraban
tus autores favoritos. ¿Dónde empezó la realidad? ¿Creaste todo o todo
fue así como te lo contaron, destilando el batallar de las olas sobre las conchas
como el mar que se enloquece para lamer la costa, o la palabra
que soporta los estantes del Imperio?
Villorrio de Montilla. Verano de 1571. Ya de vuelta
rasguñas unos libros con la pluma
adiestrándola
a dirigirse como el rayo sobre el árbol preciso, a ordenar
una por una las naciones, los refranes
y los versos que cuentan el origen de la lluvia
y "sus idolatrías", que por eso
muestran más limpio su rastro de felino, y su esperanza
que se reparte como plumas de los cóndores,
en pérfido arco iris
uniendo al noble padre con la madre silenciosa.
Hatun Qusqu, Ancha Llaqta, Sumaq Llaqta, un centro colorido o, como expresabas,
otra Roma en su Imperio, para que te entendieran
los que confiaban en la majestad de tus palabras,
único territorio con el que te compensaron
una vida de servicio y la feroz humillación
de que vendieran a tu madre y con tu madre
toda la grandeza de los Incas.
"Así me incliné a vindicar los nombres mancillados
desde estos rincones de soledad
y de pobreza, martilleando
como los pájaros guaneros otro Imperio, contemplando
cómo un rebaño de llamas
en campos de zafiro pace estrellas".
Declinaciones latinas
Allons! We must not stop hereHowever sweet these laid-up stores, however convenient this dwelling we cannot remain here,
However shelter'd this port and however calm these waters we must not anchor here,
However welcome the hospitality that surrounds us we are permitted to receive it but a little while.
Whitman
Porque escribí estoy vivo.
Lihn
Lejanos croac los graznidos croac a los 33 mil pies de altura.
La azafata deslumbra con sus ojos de mandrágora
y colgando de la ventanilla lo que vemos no son lagos
sino sombras
y no sombras, sino cuerpos
que atajan el paseo de las nubes y rehacen
las fuentes derruidas y los techos de cascajo:
el arte de la memoria canta entonces
uniendo los retazos de unos círculos dispersos,
portavasos invadidos por la espuma de la playa
cuando quedan escupiendo sus burbujas los muy-muy
y nuestra piel color de asbesto apenas brilla:
"Sobre esas mandíbulas batientes )dijo Yack(
la esfera de la Luna
permite vislumbrar los ocho círculos que anuncian
la claridad del Universo, la Armonía
que abate los sentidos dulcemente:
un pacto de hamburguesas y unos tragos
permitirán calmar la calma chicha, nos darán
la indolente pelota que se pierde
entre las dunas de durazno
y un enano rodante anunciará:
Neptuno frondoso que llegas de los aires:
nadie dijo
que te sería fácil, que las aguas
habrían de ensancharse bajo el mástil
ni que las más bellas doncellas buscarían liberarte
con sus trenzas.
Por eso cómprame estos dados y te muestro los caminos
que habrán de llevarte hacia el Único
que puede abarrotar tus faldriqueras
con pergaminos de raso, y tus ensueños
con páramos marciales de pelambre.
Así,
el enano se relame en la vereda
como un camarón cojo
y sabes que de pronto el Sol se olvida
de cualquier precaución:
Ven pronto )siguió Yack(
antes de que nos busquen por la orilla
y sea demasiado tarde
para seguir saltando entre las ninfas...".
With a banjo in my lips
and an arrow in my tongue
voy deslizándome
debajo de los sabios cocoteros, Y
cuando se encuentran dos corrientesque el ímpetu veloz de los raudales
forma de espumas, sobre espumas puentes,
represando cristales con cristales:
cuyo flujo con menguantes, y crecientes
vacila entre las olas desiguales,
porque unas de otras rebalsadas
cejan contra su curso, rechazadas,
me detengo:
la floración del Señor ha aparecido
en forma de cavidad craneana
por la que el humo transparente de la noche
sube como la yedra y sus abrazos
y escucha conmovida las cadencias
del agua que estaciona su Universo
detrás de las pestañas más arqueadas:
un río luminoso cerca el aire
o es la venganza del Primer Amor, el acto de locura requerido
al adentrarse en esa gota que descuelga
dentro del saco de los dientes
más brillantes:
pujan caballos por salir al parquechillan neblíes por cortar correas
pues a la Naturaleza es cruel agravio
preferir lo ideado a lo viviente
)y Yack no mira(
hundido en una lata de cerveza, las sirenas
aauúuaan lejanas
como pájaros de un bosque tropical:
es la mitad de lo que hablamos una lengua
que nos confina hasta la gota detenida:
su pedazo de Luna imita a la Luna
y el Pez vuela más lejos de su esfera
sus alas son aletas de delicia sus agallas
tanques de oxígeno espacial:
y es Ella la que Uva lo desdice
y éstas en un festín voces le dice:
"depón todo contacto con la tierra;
sigue al amor, logra el sosiego, aléjate
del bárbaro naufragio:
del agua al aire el nacimiento espera
y es gota la que anhelas y circula
y es gota la que bebes
y eyaculas".
La fragancia de las calles se levanta
como el clarín de Berlín:
wipe your shit, man
y olvidas tu bocado shakesperiano, los vecinos
mudos se acercan arrastrándose
con ganas de mirar al extranjero:
patos rellenos y mantas de colores
y fúlgidos collares y afiladas
lanzas a cambio de unos pálidos
poemas en las costas de Palm Beach:
la arena más dorada en el crepúsculo
vuelta un supremo soberano techo
de las estrellas se levanta, y va pintando
constelaciones terrenales escoltadas
por cáscaras y puchos, río limpio, río de cerezas, no
en esta retahíla de centuria:
la fiesta de Mercurio se organiza
con los susurros de la Euterpe, en el rincón
más escondido de la discoteca. Fuimos libres:
seámoslo ahora
y antes y después de los daiquiris:
los muchachos pelados danzan tristes
frente a las nalgas refulgentes
y la Serpiente de las Dos Cabezas
hunde su pelambre entre las aguas
y de pronto nos estacionamos
sobre las avenidas fluorescentes
y su calma inconmovible:
sin blanco que apuntar
la flecha entre los labios
es un cuadrito en un rincón del MOMA.
Pero las embajadas continúan
y así el Troyano es recibido entre cojines.
"Yo no quise llegar hasta este extremo, yo no quise
sino sólo elevarme por el aire
dejando para atrás los escribanos, y los puercos
y los palos encendidos de la hoguera:
hacia el otro hemisferio
me empujaron, sin más chiste
que una pluma colgando entre las piernas, y unos dados
con los cuales destejer el Vaticinio".
Así al Viajero la virtud desquicia
y es centro de una esfera renovada, suma
de polvo convertirse en sal, si un soberano imperio engasta
sus intersticios con diamantes congelados, y lo enjoya
de complacencia de los mares encontrados
bajo la calefacción, lo viste
de un círculo de fuego donde nada se parece
al Círculo de Fuego de la Infancia, y es el vínculo fatal de la memoria
el que le pisa el peso y lo contiene
bajo una cámara de gas
y de nostalgia.
Olvidar, olvidar, hundir el ceño
en las fuentes cristalinas, aspirar
a elevarse sin remedio, entre doncellas:
Eneas resolvió llevar a su padre cargado,
pero en Cartago se detuvo
y tuvo amoresy festines.
It's time for a little chat
with Venus the voluptuous and misterious
beginning on a sensitive hard cover
and ending on the roughest sheet of roses.
Yack el Mastilero no consiente en semejante
delirio, si bien las rosas han sido de su agrado
y los jamones, y los vinos, pero ser
el concubino de una diosa encarnada
no acusa hacia la Fama mayor lumbre, no conviene
si enfrente se insinúan las estelas, y las naves
son bestias de madera que insultan la bahía:
"Un nuevo reino nos espera, si acaso
habemos de fundar algún designio:
ardía la Ciudad entre las bombas
y trozos de piel alfombraban el periódico:
conminar los pecados primitivos, la ausencia de ofrendas, los bueyes
de más que se guardaron de la pira, porque la hambruna corría
como una chiquilla loca, y era imposible dedicarse al Templo:
sólo retazos de memoria que en sí mismos no bastan, pues
los huesos en punta y los besos reventados, los autos
dispersos en la ruta de un satélite
eran de sobra para quebrar las puertas
del Aqllawasi, hacer que el Sol
se revolviera en el solsticio
como un trompo cansado, dejando su raya chillante
sobre los ojos de los habitantes: pero ahora
mírame así, en medio de estas túnicas, mostrando las sandalias
gastadas de correr sobre las olas.
Si tanto hemos perdido
ya no podemos renunciar a la esperanza...".
Pero una chispa se aproxima, y no es la Ninfa
sino sus perúvicos remedos, que inventan una música serena:
"Olvídate de todo, te hemos dicho, cómete
una chita a la piedra, y guárdate la espada. Nadie piensa
ahora en estas cosas, todo el mundo se aviva recordando
los años infelices, y un cúmulo de pueblos encontrados,
que aunque no formen
una nación moderna, eso no los hace imperfectos,
al contrario,
se trata de tomar del mejor de ellos
la posibilidad de ser felices.
Los profetas nos vienen prometiendo
enormes cantidades de laureles
si acá nos quedamos, si nos comportamos
tejiendo suavemente las amarras a las velas.
No te muevas, no te dinamices, nada vale
más lejos de este limbo congelado por la Pena...".
Pero cubriéndose con cera los oídos
zarpó el conquistador
surcando los moluscos de las calles.
Y difícil encontrar entre estos almacenes
aromas de lisura y flores de canela:
son las bocas de Escila multiformes
como su aliento sutil, y enciende los ojos cuando intenta
salir sin la tarjeta el visitante:
su nombre es Corporatio, y sólo escucha
el chinchín rozagante de sus alas.
Sus esclavos se cuentan por millares, tiene nervios
en cada fibroma, y un dedo de los suyos borra mapas
mientras descansan a sus plantas
las nubias más hermosas.
He aquí que las olas montañosas, y los cerros más tragones, y los pastos
sembrados como púas por los que cruzamos
son sólo una advertencia generosa. Jamás habíamos visto
praderas de carbón en rostros limpios, proyectores
que nada click que nada dejan ver, sino los bordes de aluminio
del único atajo en el abismo.
Alejada la playa de la sombra,
confundidos en el alba los paseantes,
es hora de hacer compras, lejos de las necesidades
inmediatas:
un grupo de señoras habla de las elecciones
como si se tratara del último perfume
y en una época sin héroes, difícil encontrar poesía heroica
porque el único aire que nos mueve
es el que nos distancia de la Luna, la que vimos
desde la noche primera reflejada
sobre la arena besuqueada por la espuma, y que nos dijo
"dejad toda esperanza, los que se me acerquen,
porque mi reino, si bien no lo parece, es de este mundo
más que de ninguno: de la tierra y del agua me conformo
en mi primera Idea, como una redonda montaña
que por fuerza de los astros subí atónita
juntándome con ellos en la esfera, y desde entonces
los hombres y los zorros me desean...".
Y las señoras pasean
sus castaños y teñidos soberanos
orificios
por los pasillos del supermercado.
Ante la imagen de este desengaño
cómo no obrar subido en la cabina
mientras los ojos de mandrágora succionan la memoria
porque se acercan a la Esfera
donde no existen los conflictos ni la gloria
sino la clara conjunción de formas
en la fusión de los más finos elementos:
las imágenes que teje la memoria
son los avisos luminosos de la factoría, apenas divisables
bajo el aliento salitroso de la usina.
La Ciudad de los Tres Ríos se levanta exhalando
una mansísima neblina en sus colinas, son sus habitantes
sonrientes y rosados, como copos de algodón azucarado, y sin embargo
olvidadizos, pues un solo fruto jugoso me dejó su aroma
y el resto se escapó por las rendijas:
en sus muslos supremos conocí
el dilema de la resurrección, la savia acalorada
que baja tras el corte del machete, y se revuelve
con las semillas secas que el viento ha deslizado
amablemente sobre la hojarasca:
desde esa terracilla se apreciaba
correr el río gordo y dar su vuelta
sin ninguna canoa ni flechero, ningún sacerdote séneka
ni fogatas alfombradas de cantares, oh tiempo perdido y a la espera
del impacto primero del extrañamiento, saber
que las naves hundidas
sólo serían habitadas por fantasmas, aquellos que quedaron en la horrible
ciudad de las cosechas devastadas:
la Ciudad de la Concha de Abanico
perdida tras las islas guaneras, en el lugar más infestado de piratas
sorteando los tornados de la Mar del Sur.
Esas naves perdidas, esos aeropuertos
y esas calles pestilentes son mis venas:
su aire no se mezcla con el aire
atravesado de agujas de aluminio, de aliento salitroso,
y por eso envejezco
como la bestia del zoológico de Highland Park:
acusando con los ojos rojos
la pálida belleza de los niños.
Pero la única barca es el poema
y apenas hace falta inspiración: lo que se necesita
es un mapa secreto, frente a infinitos fondos tipográficos:
pero no hacia los muros de la patria
en ruinas
que requieren de un nuevo profeta, una canícula radiante:
todo eso
no produce poesía, sino la dispersión, y es ella
la que hace brotar entre los poros poesía:
sólo de las infancias
surge la urgencia del rechazo, porque los tiempos
ya nada ofrecen para celebrar.
"Pero si piensas así )dice Yack( por qué no te dedicas
a labores menos comprometedoras?
Es muy fácil adquirir conocimiento
asumiendo la densidad de la nada, que es lo que a todo el mundo aloca
como la raya intermitente de la computadora, a partir de la cual
todo se puede escribir, siempre que sea en alfabeto latino, y allí viene
tu problema: que no hay alfabeto latino
que valga de nada, si no hay ruta
que seguir, poetas en miríadas han pasado por esta misma jaula, como si se tratara
de una rutina en el gimnasio,
cuando lo que se necesita
son ejercicios de otro tipo, especialmente
empezar a alucinar en la belleza
de las tierras más desconocidas:
olerás Pocahontas como flores
de los campos de abril, y harás que te gocen
a cambio de dejar eliminados
tu saquito de huesos, tus pepitas de guano, que te quitan
espacio para carnes vivas.
El poeta viajero se convierte
muy fácilmente en buitre, como el buitre
que queda en la patria lejana
royendo sus imágenes festivas.
Abrir los ojos y dejar que fluyan
nuevas piernas y sonidos, nuevas consideraciones
nunca esperadas ni con el advenimiento
de los dientes amarillos, de las acumulaciones
lentas pero seguras de colesterol:
encerrados en el mismo agujero
de las murallas de adobe, los buitres
son un producto natural de la supervivencia.
Y se conceden doctorados envidiables
en la ciencia triunfante
de la buitrología...".
Es de la noche el mediodía, cuando
en posesión tranquila de ambos mundos
los astros en sus globos, dominando
con celosos desvelos,
rondan las calles de los cielos
con ministros lucientes
prendiendo las estrellas delincuentes:
cuando los altos fuegos, que blasonan
ser fuente en sus esferas,
el cielo como espléndidas lumbreras
con sacra amenidad coronan;
y las estrellas, limpios ojos
que el rostro de los cielos hermosean,
con resplandores blandamente rojos
por no rendirse al sueño, pestañean.
Se hace la luz en la tiniebla
y la paloma nervuda se asegura
la aromática ramita que le indica tierra
sin saber dónde, porque cada sombra
es un presentimiento de hermosura
o una soledad que aterra:
hay algas en las ondas, hay holgura
y casi es imposible adivinar
si las luces en el agua son las luces, o los peces
del cielo son los peces
que danzan lentamente la venida de la nave
y enlazan con dulzura los arneses.
Y en la calma interminable de la niebla
el único poema se disuelve
mordiéndose la cola hasta la aurora.
Y en el poema las únicas plumas
son las del águila canora en su caída:
no herrajes adornados por el polvo, no costuras
de sangre en los costados, apenas un silbido declinado
que baila sobre el viento y nos sostiene
muy lejos de remansos y epitafios:
el poema como el aeroplano
encima de las moscas, pero aún
debajo de la Luna.